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Jacobo Castellano, fragilidad y memoria

Aunque no lo parezcan a simple vista, los trabajos de Jacobo Castellano son de una gran carga poética. Se desarrollan en un terreno impreciso y desconocido -una tierra de nadie donde se cruzan añoranzas y duermevelas-, que acaba desenterrando...

el 15 sep 2009 / 21:56 h.

Aunque no lo parezcan a simple vista, los trabajos de Jacobo Castellano son de una gran carga poética. Se desarrollan en un terreno impreciso y desconocido -una tierra de nadie donde se cruzan añoranzas y duermevelas-, que acaba desenterrando con sus maneras quebradizas y melancólicas los rescoldos de la memoria. Son obras líricas, apenas susurradas, de una contenida percusión dramática. Por más que estén silenciadas con sordina, resuenan en ellas los ecos de tensiones inexplicables que no logramos entender pero que sí percibimos, sutilmente.

En su última exposición individual, que puede verse en la galería Fúcares de Madrid hasta finales de mes, este joven artista andaluz desglosa un itinerario de huellas propias que rescata de evocaciones personales obtenidas en la vieja casa del pueblo o en lugares asociados a recuerdos familiares borrosos, caso por ejemplo de un cine rural que regentaba su abuelo en Porcuna. Un cúmulo de rememoraciones, sin visos de sentimentalismo, que destapan lugares de la experiencia -cubiertos por el polvo que fuimos y somos-, que almacenan todo el desencanto de las situaciones pasadas, de los momentos consumidos que no pudieron ser y de las vivencias desaparecidas que no quedan registradas en ningún sitio. Escenarios frágiles que penden de un hilo y que se nutren de la belleza de lo precario, de lo viejo o de lo ruinoso. Narraciones documentadas con imágenes, objetos y dibujos (sus carboncillos con fotografías son magníficos), convertidas en instalaciones inservibles que se alzan como monumentos callados a las incongruencias del presente. Restos del naufragio que nos ayudan a vislumbrar los desencadenantes de una tragedia global que no vemos pero que sentimos constantemente a nuestro alrededor. Sólo hay que pararse un poco y otear las constantes referencias fragmentadas que nos llegan a través de los medios de comunicación.

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