Cultura

Javier Martín prueba el helado con pulpo en la galería Birimbao

La galería Birimbao sigue de cerca la evolución artística del joven Javier Martín que, tras coquetear con las nubes, se adentra en las procelosas relaciones de la cocina y la pintura.

el 23 oct 2009 / 19:59 h.

Dos ejemplos de las 'combinaciones sorpresa' de Javier Martín.
Otra de las pinturas que conforman esta exposición.

Javier Martín (El Viso del Alcor, Sevilla, 1979) regresa a la actualidad expositiva, y a los muros de la galería Birimbao, dos años después de su última exposición en la capital hispalense (Mecánica, engranajes y fenómenos celestes), en la que el joven pintor sevillano daba una vuelta de tuerca a su icono pictórico y creativo: las nubes, cuya fascinación (sus caprichos algodonados adquirían formas humanas, de retratos, escayolas...) le generó una serie de sucesivas de pinturas que fue su carta de presentación en la actualidad expositiva de la ciudad.

Dos años más tarde, Martín regresa a Birimbao con El ojo y la barriga, su cuarta exposición individual. Tras las series tituladas Untergehen, no vistas en Sevilla, producto de dos estancias, a lo largo de dos años, en Berlín, donde se acercó a la "estética de lo terrorífico", como él mismo califica, Javier Martín se presenta de nuevo en Sevilla con este conjunto de pinturas con el que el joven creador se lanza directamente a esta relación de la mirada con la comida, de la materia pictórica con la cocina. A lo parejo que tienen el ver y el comer, una relación ampliamente explorada en el mundo pictórico -y contemporáneo- y a la que Martín pretende darle una vuelta de tuerca.

Temperatura de los ingredientes, la forma de mezclarlos, combinaciones sorpresas (ahí están el helado de pulpo y el croissant de espinacas), su color y la presentación. Aparecen nuevos motivos (huevos, pulpos, plátanos, coliflores, nata...) con una tendencia más propicia al ornamento, pero insistiendo en su tendencia a lo circular y lo contundente con la generación de grandes bloques de color.

Las nubes y las bombas, como decíamos presentes anteriormente en su trabajo, se transforman ahora en erupciones de helado haciendo éstas las veces de aquéllas, sigue la tendencia a la composición centrífuga, a tensar la relación de unas formas con otras y de las mismas con el borde del cuadro, maneras que identifican su obra.

El festín de comida se torna en algunos momentos en mala digestión, quizás porque la mirada de Javier Martín no descansa nunca meramente en el placer de mirar: tras la belleza se haya siempre un hecho trágico o siniestro sin la cual aquella no existe. Venus, de hecho, nació de una castración siniestra. El título de esta exposición expresa también esa dualidad entre dos órganos fundamentales, uno, el ojo, de intenso atractivo históricamente, el otro, la barriga, de turbulencias pasionales o psicológicas.

Javier Martín pertenece a una generación de artistas que viene reivindicando la actualidad del formato pintura desde principios de la nueva centuria, practica una pintura fuertemente enraizada en la tradición visual occidental pero en continuo diálogo con la abstracción y de fondo lírico. El óleo sobre tela es su medio más habitual, técnica que identifica exactamente los propósitos visuales y táctiles que siempre encontramos en sus cuadros: la sensualidad de la superficie y el color que se reafirman con la viscosidad del óleo y se relaciona con el gusto.

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