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Jerarca y sumiso, andaluz y genuino

el 11 sep 2010 / 20:49 h.

Genio y apocado. Jerarca y sumiso. Obrero y capataz. Disciplinado y ácrata. El Real Betis Balompié de Pepe Mel exigió en Granada que los astros se alinearan bajo la influencia de la luna para originar una nueva etapa en Heliópolis, allí donde la esperanza ha mutado su piel para cobijarse bajo el regazo del escudo de las trece barras.  

En Elche, ante uno de los supuestos aspirantes al anhelado ascenso a Primera División, el cuadro verdinegro asumió cuantos disfraces permitió una obra de teatro con un protagonista definido: Rubén Castro. El mediapunta canario es magia, improvisación e invención. Por sus venas circula la sangre de aquel rebelde soldado reclutado para la causa imposible en la guerra del subconsciente.

Sometió al Elche, domesticó a Willy Caballero y caricaturizó a Paco Fernández en un zig-zag de trazado incalculable en el 0-1. De su mente brota la energía y de sus botas la esperanza de un Betis renacido del hastío para gobernar en el bicéfalo ejecutivo de Segunda. Y buscó en su mapa un aliado con el que asaltar una hemeroteca en la que reposaban 35 años de sequía en Elche.

El último golpe verdiblanco en el Martínez Valero databa del 26 de octubre de 1975. La televisión era en blanco y negro y el NO&DO narraba las peripecias de un equipo entonces genuino. Franco agonizaba y Margaret Thatcher irrumpía en la Inglaterra más conservadora. Y Anzarda anotaba un doblete.

Ayer, el triunfo se logró con una pléyade de canteranos. En Segunda y con el paso firme de los soldados aplicados. Y con la sensación de aliviar el futuro y restablecer el pasado de una entidad por intervenir judicialmente y diseccionada por un navarro.

El conjunto de La Palmera ganó en Elche a las órdenes de un madrileño y gracias a un canario, pero hoy será el nuevo recurso de un tipo enchaquetado y de palabrería fácil. Benito Villamarín fue un caso excepcional. El Betis, por enérgico y genuino, es puro arte... y andaluz.  

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