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Jerifaltes de antaño

En medio de las novedades y adelantos de todos los países, de los que daba puntual información la prensa, apareció una mañana de junio de 1851 en la puerta de la Exposición Universal de Londres -la primera que se celebraba en el mundo- un numeroso grupo de españoles vestidos con el traje nacional que las crónicas del día...

el 16 sep 2009 / 08:04 h.

En medio de las novedades y adelantos de todos los países, de los que daba puntual información la prensa, apareció una mañana de junio de 1851 en la puerta de la Exposición Universal de Londres -la primera que se celebraba en el mundo- un numeroso grupo de españoles vestidos con el traje nacional que las crónicas del día después trataron en tono chusco o satírico y fijaron en parte la imagen de España a la que, poco después, otra publicación retrataba como un cortejo encabezado por un majo, un Don Juan y una bailarina de boleras seguidos de personajes pintorescos.

Si algún periodista avispado de Bruselas se ha percatado de los propósitos del grupo de sevillanos desplazado hasta la capital de Europa para intentar acabar con el proyecto de biblioteca universitaria en el Prado de San Sebastián, seguramente su reportaje habrá tenido los mismos tintes que los de Gran Bretaña de 150 años más atrás y la imagen que Sevilla no ha podido ser otra que la de una ciudad opuesta al progreso.

Nadie de allá podrá comprender que se proteste y se pida sancionar a instituciones que han gastado fondos europeos en un edificio de Zaha Hadid destinado a centro de enseñanza superior, con menor altura que los edificios que lo rodean, situado en medio de 50 hectáreas de jardines, que añade belleza a los 10.000 metros del que tiene delante y lo convierte en un espacio wi-fi. Eso es lo mismo que los carlistas del XIX que clamaban contra el ferrocarril.

Una inglesa, Juliette Robersat, que llegó al poco de aquella exposición londinense escribiría en su diario tras cruzar la frontera: "España apareció ante mí como un soldado con una guitarra colgada al cuello". Esperemos que en Europa no quede esa imagen pero aquí un nuevo Valle Inclán tendría unos personajes perfectos para reescribir Jerifaltes de antaño".

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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