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Cultura

Jesús Sánchez Adalid: «Las crisis son purificadoras»

El escritor y sacerdote extremeño centra su nueva novela, ‘Los milagros del vino’ (Planeta), en la decadencia de Grecia.

el 26 may 2010 / 19:15 h.

"El vino forma parte de mi personalidad". Hijo y nieto de bodegueros, hermano de enóloga y criado entre barricas, el escritor Jesús Sánchez Adalid se ha servido del caldo bíblico por excelencia no sólo para titular su nueva novela, Los milagros del vino (Planeta), sino para utilizarlo como precisa metáfora de la religiosidad que destila este nuevo trabajo literario. El vino, según el autor, puede explicar a la perfección el hecho religioso. "Produce un estado de exaltación y de felicidad tal, que acerca a los hombres a lo que puede ser el corazón de Dios", explicó ayer Adalid en Sevilla, adonde viajó para promocionar esta nueva novela.

El vino y la religión se combinan en esta novela con los cimientos de la sociedad occidental, clavados en una Grecia decadente y bajo el dominio del imperio romano. A partir de aquí, Los milagros del vino viaja hasta la Corinto del año I d.C., cuando comienzan a gestarse las primeras comunidades cristianas y se intuye ya la transformación imparable del pensamiento occidental, del mundo clásico al cristiano.

"Los griegos necesitaban otras cosas: los ritos y las fórmulas se agotaron, lo que refleja que las crisis son periodos naturales y nada es eterno", afirmó ayer Adalid, haciendo un paralelismo con la situación actual.

Y es que, si la Historia no se contara -como sucede- descubriríamos que "las decadencias de cada época son períodos apasionantes". "Las crisis son purificadoras", aseguró el escritor. De este modo, Sánchez Adalid, a la sazón sacerdote y párroco del municipio pacense de Alange, reconoció que la crisis actual ha afectado profundamente a la religión y, en concreto, a la iglesia católica. "Es posible que muchas fórmulas estén agotadas y habrá que renovarse", se pronunció.

Es por esto que el autor considera su novela necesaria no tanto para conocer la fe como para conocerse a uno mismo, "el sentido de la vida y por qué nos suceden las cosas", manifestó.

Y para ello se sirve del personaje Podalirio, un sacerdote que ha perdido la fe en los dioses y ya no encuentra sentido a los antiguos mitos y rituales. "Contempla el sufrimiento, la enfermedad y la muerte incapaz de llenar su vacío, hasta que un día escuchará un relato que cambiará su vida para siempre". En esta búsqueda, Adalid pasea a su protagonista por varios escenarios, entre ellos los que conforman el itinerario que hizo Jesús de Nazaret en Galilea. Y aquí realiza el autor un descubrimiento, el de la ciudad de Séforis, a cuatro kilómetros de Nazaret, "una ciudad griega en el corazón de Galilea".

Este hecho, contrastado por un equipo de arqueólogos de una universidad norteamericana, "nos cambia la perspectiva de Jesucristo, al que siempre se le ha tenido por un personaje netamente judío. Pues ya sabemos que no, puesto que la influencia griega era evidente, incluso se hablaba el idioma con naturalidad".

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