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Joaquín Sorolla triunfa en Sevilla

A este paso me quedo sin ver los cuadros de Sorolla en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Las colas llegaban a San Laureano cuando los dos últimos domingos he querido visitar la exposición. Paciencia. A ver si un día de éstos, entre semana, me acerco y consigo entrar.

el 15 sep 2009 / 04:22 h.

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A este paso me quedo sin ver los cuadros de Sorolla en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Las colas llegaban a San Laureano cuando los dos últimos domingos he querido visitar la exposición. Paciencia. A ver si un día de éstos, entre semana, me acerco y consigo entrar. Cuento esto con una sensación agridulce. Como a todo hijo de vecino me fastidia hacer colas, en este caso a pleno sol mañanero. Pero me produce una gran satisfacción el hecho de comprobar que a la gente le interesan cada vez más demostraciones culturales como la que nos ocupa.

Joaquín Sorolla es una de las cumbres de la pintura española de todos los tiempos. Cuando los cuadros de un pintor salen hasta en los calendarios es que, además, su obra ha trascendido al dominio popular. ¿Quién no tiene en la retina esa escena de la exquisitez, del refinamiento, del buen gusto y de la elegancia femenina que es el paseo de su mujer y de su hija por la playa, mil veces reproducida y tantas veces enmarcada en las salas de estar? Ahora, sin embargo, tenemos ocasión de admirar en Sevilla los grandes formatos que el inmenso artista valenciano hizo para la Hispanic Society de Nueva York y que han viajado a España por primera vez en cerca de un siglo.

No hay que temerle a la orteguiana rebelión de las masas. Las naciones progresan en la misma medida en que sus niveles culturales aumentan. Siempre habrá gente de espaldas a los acontecimientos artísticos o literarios, pero consuela mucho comprobar que los andaluces demandan cada vez más la posibilidad de acceder a sus manifestaciones. No es casual el hecho de que proliferen, hasta en antiguas salas de teatro, nuevas y amplias librerías surtidas de novedades y de los mejores fondos editoriales. Es muy alentador que la misma sociedad que se va al Rocío sea capaz también de poner en pie una temporada de ópera tan excelente como la del Maestranza o que las colas interminables no sean solamente para sacar entradas de fútbol.

A los ochenta y cinco años de su muerte, Joaquín Sorolla triunfa apoteósicamente en el Museo hispalense. Su genio grandioso tiene numerosas muestras en esta exposición. Pero hay una obra, 'La pesca del atún' (1919), que se inscribe con letras de oro en los anales del arte universal. Pintado del natural en Ayamonte este cuadro nos transmite todo un manifiesto de emociones sólo perceptibles ante la obra suprema, a la cual pertenece esta obra. Sorolla, acaso como ninguno de sus contemporáneos, supo apresar en los límites de un lienzo la escena magistral y sus vibraciones al hacer esa pintura con alma soleada por la gracia del impresionismo.

El pueblo andaluz sabe paladear el arte, y buena prueba de ello es que la exposición Visiones de España se ha convertido en el acontecimiento cultural de la primavera sevillana. Ánimo, señora consejera: no desfallezca en el propósito de acercar la Cultura a nuestros pueblos. Andalucía será mejor y sus gentes crecerán intelectualmente.

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