Deportes

Johannesburgo, Año Cero

el 26 dic 2010 / 21:15 h.

El estruendo de las trompetas y los ritmos africanos acompañaron las celebraciones del día D, un 11 de julio en un agreste descampado de Johannesburgo en pleno invierno austral. Las vistosas fanfarrias atronaron en honor de un futbolista de bolsillo, héroe de esa jornada y del 2010, y de la selección española, campeona del mundo, el albaceteño y tímido Andrés Iniesta.

Andrés Iniesta fue el oficiante en la noche suprema del conjunto de Vicente del Bosque. Con la final del Mundial a punto de llegar a la agonía de los penaltis, el jugador del Barcelona clausuró una época irrepetible cuando su balón se detuvo en el fondo de la red holandesa. Después todo fue éxtasis en un país sediento de éxitos a nivel mundial y que en 2008 había acabado con años de maleficio después de que la roja se coronara en Europa.Hasta entonces España tenía el aspecto del favorito, pero siempre con reservas. El comienzo, además, no pudo ser peor. Encajó ante Suiza en el partido inaugural una derrota posiblemente terapéutica que le permitió corregir fallos, casi todos producto de cierta autocomplacencia. Luego adoptó el papel que le reservaba su condición de campeona de Europa. El momento crítico se produjo en el partido ante Paraguay. Enfrente estaban los guaraníes, un combinado duro y difícil de barrer en el camino hacia los cruces decisivos, y, sobre todo, la amenaza del bloqueo de cuartos de final. Para eliminar esa traba hizo falta la aparición del caos y los demonios habituales: penalti marcado, pero fallado en la repetición, penalti parado por Casillas y gol a falta de siete minutos después de que el balón diese tres veces en los postes. Maleficio conjurado y una prueba de fuego superada para uno de los mejores equipos del globo en el histórico verano del inolvidable 2010.

La noche mágica del 11 de julio, la selección española tuvo que preocuparse más en esquivar a un irreconocible equipo holandés que en buscar su juego. La táctica antisistema de Holanda estuvo cerca de darle resultados, aunque para ello tuviese que apelar a las dotes de un equipo no precisamente muy deportivo. Iker Casillas desbarató dos citas a solas con Arjen Robben... y en eso apareció Iniesta, el mejor jugador del Mundial y cuyo gol quedará grabado en los corazones del país. Johannesburgo, año 0.

El Mundial castigó a Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Argentina y Portugal cayeron ante selecciones con un acentuado sentido colectivo. Los lusos en octavos ante España (1-0). El equipo de Maradona, además, fue eliminado en cuartos de mala manera por Alemania (0-4). Ni Messi ni Ronaldo dejaron detalles para el recuerdo, pues uno, el luso, quiso abarcar el protagonismo en solitario y el otro, el argentino, no encontró acompañamiento en sus socios de la tropa.

El Barcelona volvió a ser con diferencia el mejor equipo del año. Ganó la Liga y exhibió un fútbol de nivel inalcanzable para el resto, pero fue insuficiente para ganar la Liga de Campeones. Cayó en semifinales ante el Inter de José Mourinho. Pese a ello, la imagen de la temporada es la de Iniesta, Xavi y Messi aspirantes al Balón de Oro. El mismo vendaval azulgrana que barrió a Manuel Pellegrini del Real Madrid trajo a José Mourinho. El chileno no ganó nada, pero en su despido pesó tal vez más el hecho de que el equipo fuera incapaz de perturbar al Barcelona. Las credenciales del portugués en este sentido subrayan lo contrario: títulos y capacidad acreditada.

El nuevo Real Madrid, ya sin Raúl y Guti, hace ostentación de musculatura, de fútbol vertiginoso y de eficacia. La primera experiencia de la temporada con el Barcelona fue desoladora (5-0). Objetivamente, un percance poco significativo en puntos, pero se supone que Mourinho llegó al club, entre otras razones, para evitar que ciertas derrotas sean indigeribles.

En tenis, Rafael Nadal finalizó 2010 como número uno del mundo. Su temporada fue memorable incluso para sus niveles habituales. Consiguió el único grande que le faltaba, el US Open, además de Roland Garros, Wimbledon y otros cuatro torneos. Su balance anual, 71-10. A Nadal solo le faltó ganar la Copa Masters, la fiesta fin de curso. Su problema fue que en la final se cruzó con Federer, y sobre el tipo de pista en la que el suizo es casi imbatible. Federer ganó y sumó su quinto título del año, pero hace ya tiempo que su incomparable tenis dejó de ser suficiente para arrasar con poco desgaste. 

En motociclismo, los españoles Jorge Lorenzo, Toni Elías y Marc Márquez encabezan la representación de lo que se podría resumir como el año de oro del motor español dentro de la década más prodigiosa en este deporte. Sus tres títulos mundiales, los más sonados, no fueron los únicos, pues por primera vez un español logró el máximo galardón en una especialidad tan complicada como el motocross, en la que Carlos Campano se proclamó campeón del mundo de MX3.  

2010 fue un año convulso en el mundo del polideportivo. La sombra del dopaje y la sospecha planearon desde que se dio el pistoletazo de salida a un ejercicio que acabó con la laureada Marta Domínguez en los juzgados para declarar por la Operación Galgo, que investigó una presunta red de tráfico de estupefacientes y sustancias dopantes dirigida por la atleta palentina.

El ciclismo, un año más, no pudo desembarazarse de la marca del dopaje. Alberto Contador ganó su tercer Tour, pero un mes después de celebrarlo en los Campos Elíseos la UCI le comunicó un positivo infinitesimal por una sustancia, el clembuterol, que se suponía relegada a la prehistoria de estas prácticas.Los alegatos del ciclista tampoco contribuyeron a esclarecer el asunto. La hipótesis de la contaminación alimentaria por una pieza de carne comprada en España y consumida la jornada de descanso anterior a la etapa del Tourmalet, donde se decidía la suerte de la carrera, es más que enrevesada. Otros atletas con unos índices menores que los del madrileño fueron castigados de forma ejemplar cuando el dopaje empezaba a colarse en los telediarios y periódicos deportivos. Mientras Contador espera la resolución del caso, Lance Armstrong, un sospechoso crónico, se despide de manera definitiva después de penar durante tres semanas por las carreteras francesas con el único objetivo de llegar a París. Acabó a 40 minutos del ganador. Humillante para quien obtuvo siete Tours sin demasiado esfuerzo y que de alguna forma enterró el mito camino de cualquiera de las dificultades montañosas de la Grande Boucle.

En baloncesto, y más concretamente la NBA, Los Lakers lograron su decimosexto anillo, el segundo para el catalán Pau Gasol, probablemente el jugador con mayor impacto en la final contra Boston. La gloria escénica se la llevó Kobe Bryant, pero en la celebración triunfal del equipo, en Los Ángeles, el ala-pívot de Santboi fue tan aclamado como aquél o más.La intensidad de la campaña obligó a Gasol a renunciar al Mundial de Turquía, donde España entregó la corona obtenida cuatro años antes. Subcampeón olímpico y campeón de Europa en ejercicio, el equipo español acabó en sexto lugar, una triste despedida para una generación que había llevado a la selección a lo más alto del podio. El título fue para Estados Unidos, que sin tirar de todas sus figuras volvió a demostrar que vive en otra planta.Hubo alguna cosa más en el 2010, un año muy productivo para el deporte español. En atletismo, un deporte asolado por la sombra del dopaje al cierre del año, el semidiós Usain Bolt perdió una carrera después de dos años triunfales. El jamaicano de alguna forma se humanizó y volvió a ser mortal para el resto de sus rivales.

En el agua, los nadadores, en especial el estadounidense Ryan Lochte, dejaron claro que pueden batir récords del mundo con bañadores textiles tras la prohibición por parte de la Federación Internacional de Natación (FINA) de las prendas fabricadas con derivados del plástico. El cordobés Rafa Muñoz volvió a colocar a la natación española en el podio de un Mundial tras demasiados años de ausencia.  

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