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Cultura

Jordá: "Me preocupan quienes quieren imponer una visión de su ciudad"

El mallorquín afincado en Sevilla ofrece lo mejor de su poesía en ‘Tulipanes rojos’, recién publicado por Visor.

el 18 mar 2012 / 21:24 h.

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    Eduardo Jordá (Palma de Mallorca, 1956) es un hombre de mundo. Para darse cuenta de ello no hace falta saber de sus andanzas, del desierto de Atacama a Marruecos, de Irlanda a Coyoacán. Basta con abrir su último libro, Tulipanes rojos, recién editado por Visor, donde proyecta su característica mirada cosmopolita e íntima a la vez. "Las ciudades no son de nadie", afirma a propósito de uno de los poemas incluidos. "Creemos que somos los únicos capaces de interpretar aquella en la que hemos nacido o crecido, pero la ciudad es siempre más grande, amplia y libre de lo que imaginas".

    Tal vez por eso, Jordá se limita a la "aprehensión personal" que supone meter a sus ciudades favoritas en sus versos, "evitando que eso se convierta en una apropiación indebida", y muestra su más absoluto rechazo a cualquier forma de chauvinismo: "Me preocupa mucho que la gente intente imponer una visión incuestionable de su ciudad", afirma este escritor.

    Autor de poemarios como El mono aullador o Glorieta de los lotos, relatos como los reunidos en Playa de los alemanes, libros de viajes como Canciones gitanas, Norte Grande o Lugares que no cambian, y hasta una biografía de Van Morrison, Jordá opone la belleza del mundo a la grisura de estos tiempos deprimentes. "Para mí es una toma de postura vital: hay que reconocer que este mundo todavía es muy hermoso. Hay playas, campos, lagos... Y mientras todo eso exista, hay que celebrarlo", asevera.

    Junto a lugares que merecen un lugar destacado en su memoria y su corazón, el autor invoca a gente que le marcó, como los poetas Vladimir Holan y Robert Graves, o la esposa de éste. En cierto modo, estos versos podrían ser la antípoda de las ecuaciones macroeconómicas que salpican la prensa diaria, algo que según Jordá "ha entrado en el reino de las ciencias ocultas, porque se mueve en el terreno de lo ininteligible. Compramos y vendemos cosas que no sabemos para qué son, nos metemos en cantidades que ya no son humanas. La dimensión humana ha desaparecido de la economía, no hay una escala mensurable, manejable", comenta.

    Frente a esta desmesura avasalladora, Jordá opone "la poesía, que te recuerda que la única escala posible de la vida es la humana", afirma. "Aunque tiene poco poder, creo que es mejor aprovecharlo para celebrar y ensalzar lo bueno que para criticar lo malo. Nunca escribo con rabia, ni con desesperación".

    Dueño de una voz personalísima, Jordá asegura identificarse "con una corriente marginal" dentro de la poesía española actual, donde se daría cita con Ramón Gaya, Jiménez Lozano o el recientemente desaparecido Carlos Pujol.

    En cambio, se siente ajeno a la creciente tendencia de los poetas a mostrar en la red incluso sus procesos de creación. "Internet es una fantasmagoría, no es el mundo real. Y la poesía sólo se puede hacer con la vida, el sufrimiento, el dolor y el júbilo, no un espacio en el que nada ni nadie es real. La poesía en internet es una psicofonía", apostilla Jordá, que ya tiene próximo destino poético: Pennsylvania.

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