Cultura

Jordi Savall puso orden, paz y música

el 11 mar 2011 / 23:23 h.

Jordi Savall pidiendo calma al público.

XXVIII Festival de Música Antigua (FEMAS). 11 de marzo. Centro Cultural Cajasol. Programa: La Europa musical: la Edad de Oro de la música para violas. (1500-1700). Obras de Dowland, Gibbons, Milán, Cabezón, Scheidt, Purcell... Intérpretes: Hesperion XXI. Jordi Savall, viola da gamba y director. Calificación : * * * *


Estas cosas pasan en las mejores familias, pero en la nuestra, es decir, en la sevillana, toda anécdota tiene que tornarse más barroca, como con más litros de sangre, eso sí, puro colorante, porque al final, lo que el público se llevó en el cuerpo fue una nueva lección de maestría y musicalidad a cargo del gran pope de la viola da gamba, Jordi Savall, tras su paso por el FEMAS.

La rumorología hizo estragos y más pronto que tarde toda la platea estaba convencida de que allí se habían vendido más entradas de la cuenta. Pero no hay que olvidar que estamos en la patria de Rinconete y Cortadillo y que por esta tierra a la picaresca cuando dice "aquí estoy yo", no hay quien le sople en el hombro. Imagínense un teatro con el aforo completo y sin numerar, con dos zonas -A y B-, piensen ahora qué pasaría si los que pagaron menos -B- se colasen en la zona noble -A-. Ars longa, vita brevis, debieron decir los que se deslizaron donde no les correspondía ante una organización de la sala -que no del festival- poco diligente a la hora de controlar a la fervorosa parroquia de Savall.

Dejen de imaginar ahora porque lo narrado es, sin un acento de más, lo que sucedió anoche en el Centro Cultural Cajasol. Con Hesperion XXI en el escenario comenzaron las increpaciones, los gritos que venían de arriba y de abajo, y alguna que otra palabra fuera de tono. Por cobrar, por poco cobra hasta el candidato del PSOE a la alcaldía, Juan Espadas, pues no pocos fueron los que colgaron el muerto -ya se sabe, la precampaña- a los socialistas.

Al fin, y como con este ambiente nadie parecía dispuesto a dejarse mecer por la música para violas de la Edad de Oro, el maestro Savall tiró de mano izquierda (o lo que él, tan afrancesado, llamaría savoir-faire) y se le ocurrió la sencilla y resolutiva idea de subir sillas al escenario para que nadie de los que se habían conformado con sentarse en el pasillo tuvieran luego la tentación de pasarle la factura del médico del lumbago.

Luego, con la situación controlada, vino lo grande. Comprobar la vitalidad con la que el maestro de Igualada vive sus conciertos a sus resplandecientes 69 años provoca admiración. Por él corre un mar de músicas, las que le llevaron a transitar anoche las obras europeas para consort de violas y mañana, pongamos por caso, proponer un encuentro cultural con sonidos de Palestina, Israel o el Magreb.

No lo hace solo, es cierto. Le acompañaron gigantes de la talla de Pedro Estevan, en la percusión, y Xavier Díaz-Latorre, en la cuerda pulsada. También estuvo a la vera del titán el sevillano Fahmi Alqhai, sobre cuya grandeza como intérprete no se me ocurre mejor argumento que subrayar su pertenencia a este conjunto.Tras Savall han venido muchos otros, pero él continúa siendo el garante de una manera de tocar netamente mediterránea. Su viola tiene ese sonido cálido y añejo a la par, ronco en las voces graves y capaz por igual de transpirar melancolía como contagiosa y casi bailable alegría.

En perspectiva magistral fue el viaje por la Inglaterra isabelina bajo el resguardo de las arrebatadoras músicas de Dowland, Gibbons y Brade. En las diáfanas danzas y variaciones de España una Moresca de Guerrero a punto estuvo de despertar los primeros bravos y una muy original improvisación a media voz y punteada por la percusión sobre los Canarios acabó por desdecir a quienes ven en Savall algún síntoma de agotamiento, si es que a tal se le puede llamar un mínimo roce acá o por allá. Afirma que "la música sin sentimiento no sirve de nada". Cada nota, cada frase de su grupo, parece estar insistiendo en tal idea. Habrá otras opciones, pero la suya es incontestable.

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