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Jornada electoral

En la jornada de hoy se está decidiendo el futuro político en las comunidades autónomas de Galicia y País Vasco. La democracia, tan criticada y poco valorada en ocasiones, muestra su mejor cara en estos momentos en los que los ciudadanos son los auténticos protagonistas...

el 15 sep 2009 / 23:20 h.

En la jornada de hoy se está decidiendo el futuro político en las comunidades autónomas de Galicia y País Vasco. La democracia, tan criticada y poco valorada en ocasiones, muestra su mejor cara en estos momentos en los que los ciudadanos son los auténticos protagonistas y los dueños absolutos de su voluntad y, consecuentemente, de su voto. Un papel que, sumado a otros cientos de miles, decide quién gobierna y quién ocupa la oposición en estas comunidades. El voto, que sitúa a cada cual en su sitio, fue la conquista más importante que los españoles conseguimos allá por el año 1977 y que, como vimos en estas últimas semanas, estuvimos a punto de perder a manos de quienes siguen pensando que los destinos de España y de los territorios que la conforman sólo dependen de la fuerza de unos cuantos y no de la libre potestad de la ciudadanía. Las encuestas que se han venido publicando en estos quince días de campaña electoral no dejan las cosas claras a la hora de saber quién o quiénes se alzarán con el santo y seña en Galicia y Euskadi. Casi empate entre PSOE y PP en la primera comunidad y lo mismo en País Vasco entre PNV y PSOE. Lo que parece seguro es que ningún partido político conseguirá la mayoría absoluta en ninguno de los dos territorios, lo que llevará, sin duda, a una política de coaliciones de gobierno que no dejarán contentos y satisfechos a casi nadie.

Da la sensación, elección tras elección, de que a los españoles nos gusta que existan mayorías absolutas en todos los gobiernos, pero con nuestro voto en contra. Sabemos positivamente, cuando vamos a votar en determinadas elecciones, que ningún partido conseguirá esa mayoría, pero somos incapaces de realizar el acto de generosidad y de inteligencia que permitiría que el partido, que no es el nuestro, consiguiera gobernar sin dependencias, a condición de que por una vez, y sin que sirviera de precedente, le diéramos la mayoría al partido que más se aproxima a nuestras concepciones en temas absolutamente fundamentales, para evitar la dependencia de otros partidos con los que discrepamos radicalmente.

Así, en el País Vasco, los votantes del PP saben positivamente que esa formación política está incapacitada para conseguir la mayoría o para obtener un resultado electoral que le permitiera ser llamado para la formación de un gobierno nucleado a su alrededor. Saben los votantes del partido popular que es al PSOE o el PNV a los que les corresponderá esa responsabilidad, y saben, también, que si el PNV es el partido más votado, hará lo posible y lo imposible para que Ibarretxe se convierta, de nuevo, en el lehendakari vasco, con lo que eso conlleva para la estabilidad territorial de España y para la solución final y definitiva del terrorismo etarra en nuestro país.

Legítimamente, los votantes del PP querrán apoyar a su partido en los comicios que hoy tienen lugar, pero de igual forma saben que si su voto, en lugar de ir al PP, fuera al PSOE, es probable que ese partido obtuviera la mayoría absoluta para formar gobierno, dejando por fin a un lado al PNV y su desgraciada concepción de España y de la paz. Sé que esto que digo es un deseo inalcanzable; sé que nadie está dispuesto a renunciar a sus colores por más que esa renuncia significara el triunfo de alguien cercano a nosotros e identificado con algunos valores que en el País Vasco sólo defienden clara y contundentemente el PP y el PSOE; sé que para los votantes del PP, partido sin opción de gobierno en tierras vascas, el triunfo del PNV significaría un disgusto de proporciones equiparables al disgusto de muchos españoles que deseamos el triunfo de ambos partidos de ámbito estatal en Euskadi, el intento de ruptura con el resto de España es una petición que conduce a la melancolía. Los aficionados al fútbol saben de qué hablo cuando realizo esta propuesta, porque en ese juego las cosas, a veces, se conducen de esa manera. Sabemos que, en ocasiones, los forofos de un equipo determinado prefieren que pierda su equipo si no se juega nada con tal de que no gane la liga el equipo al que no pueden ni ver. Sólo cuando se odia mucho al equipo que puede salir beneficiado con esa derrota del equipo propio, se desea lo contrario de lo que podría beneficiarle; nada más hay que pensar en el Betis y en el Sevilla o en el Real Madrid y en el Barcelona, para entender bien lo que digo.

Claro que, en el ejemplo futbolero, lo lamentable es que sólo puede triunfar uno, en este caso el PSOE, y de una forma rotunda y clara si los intereses que se dicen defender por los votantes del PP les llevaran al posibilismo, que en estos momentos representan los socialistas vascos. Dejar de votar a los tuyos para que no ganen los que representan a tu equipo es jugarnos la honrilla o la liga, pero en las elecciones vascas, nos jugamos cosas muchos más serias, importantes y profundas.

Yo hago esa petición por si acaso desde este periódico andaluz, algún votante vasco del PP tomara en consideración este razonamiento hecho desde la ingenuidad, pero también desde el sentido más democrático de la utilidad del voto, en defensa de lo que muchos creemos y deseamos.

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