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Cultura

José Tomas: ¿eclipse total?

el 05 jun 2010 / 20:58 h.

José Tomás no actuará más en la temporada 2010. Así lo anunció el propio matador, vía comunicado, después de que se diera por hecha su vuelta a los ruedos en la plaza de Barcelona, el próximo 18 de julio. El torero madrileño no estará este año pero la pregunta del millón es: ¿Volverá a actuar el que viene?

La noticia desplazó las imágenes de la salida del hospital de Julio Aparicio, recobrado para la vida, aún no sabemos si también para el toreo. Pero mientras el diestro sevillano abandonaba la clínica asediado por los micrófonos sin poder articular palabra nadie podía imaginar que sólo un puñado de horas después otro torero caído iba a remover la candente actualidad taurina poniendo patas arriba el planteamiento de una extraña temporada a la que le siguen faltando primeros actores.

La definitiva ausencia de José Tomás implica una reorganización del tablero de juego en un año de crisis económica y artística en el que sólo han asomado la cabeza un trío de ases conformado por El Juli, Morante de la Puebla y José María Manzanares. Y aunque el de Galapagar hacía su propia guerra alejado de la primera línea de fuego y del grueso de las grandes ferias, su presencia en los abonos era la guinda que remataba económicamente algunos ciclos que podrían enfrentarse ahora a una devolución masiva de localidades. Se ha comprobado en ferias como las de Granada o Córdoba, organizadas por y para el divino; jugándoselo todo a una sola carta sin poder adivinar que su ausencia se traduciría en cemento y más cemento en los tendidos.

Ese descalabro económico es el primer efecto colateral de la decisión del madrileño, una retirada que no ha sorprendido en los corrillos mejor informados. Hace ya varias jornadas se venía rumoreando que la recuperación de José Tomás no estaba cumpliendo los plazos previstos. Personas cercanas a su entorno también apuntaban que su estado anímico no era el más adecuado para afrontar las altísimas exigencias de su arriesgada puesta en escena.

Entre otras plazas, Tomás tenía prevista su comparecencia en los ruedos de León, Mont de Marsán, Santander, Huelva, San Sebastián, Málaga, Almería, Valladolid, Salamanca, Murcia y... Barcelona. Precisamente, ese compromiso adquirido en la Ciudad Condal era uno de los capítulos fundamentales de la temporada del madrileño. No era casual que, una vez más, se hubiera orquestado su reaparición en el coso monumental: una vuelta adobada en un panorama abolicionista para el que ha llegado el momento de la verdad. En la espera de una votación parlamentaria que podría inclinarse a un lado u otro de la balanza por un escaso margen de votos, el llenazo y el carácter de acontecimiento que rodea siempre los paseíllos barceloneses del diestro madrileño habrían sido la mejor manifestación protaurina en una temporada –aún no lo sabemos– que podría ser la última en la tierra de la butifarra.

Y si a algunas empresas les toca tentarse los bolsillos para bien y para mal, también les corresponde devanarse los sesos para cubrir las ausencias del divino con la escasa baraja de verdaderas figuras que están justificando las ferias de este año. A esta situación hay que sumarle la particular idiosincrasia de los carteles en los que participa el madrileño: corridas que, amparadas en el tirón de Tomás y cumpliendo sus exigencias, se abren invariablemente con un telonero añejo y sin galones. El ancho hueco descalabra aún más esas corridas programadas como platos fuertes en las ferias. Son fechas que han pasado de acontecimiento a relleno restando una buena porción de interés una campaña que, de por sí, ya avanzaba sin pena ni gloria a pesar de los éxitos del mejor Morante y El Juli más asolerado mientras se aguardaba la reaparición de Manzanares.

Pero, más allá de la campaña 2010, en el planeta de los toros se mira detrás del invierno: ¿podría producirse un nuevo eclipse total del genial diestro madrileño? ¿volverá a estar en la puerta de cuadrillas en la temporada 2011? Todas las posibilidades son válidas. Tomás ya protagonizó una larguísima ausencia que acrecentó su mito. Cuando reapareció en Barcelona hace tres años se había convertido en una figura totémica que vuelve a desaparecer de la circulación. Seguramente ni sus más íntimos conocen los verdaderos planes del torero. Habrá que ir a preguntárselo al borde del Mediterráneo, en su refugio de Estepona.

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