Cultura

Juan Alcalde: «El arte actual es búsqueda, pero no hay conclusiones»

El pintor de la escuela de París, nonagenario y en plena forma, expone su obra en Lebrija

el 23 ene 2011 / 21:07 h.

Una de las obras de Juan Alcalde expuestas en Lebrija.
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"Yo me crié en tiempos muy distintos, en los que pintar era una fatalidad. No me atrevía a decirle a las chicas que era artista, porque me dejaban al instante". Son palabras de Juan Alcalde (Madrid, 1918), un artista que a sus 92 años se muestra en estado de gracia creativa y a pleno rendimiento, como demuestra la doble exposición de su obra -galería El Viajero Alado y sala La Misericordia- que estos días se abre al público en Lebrija.

La experiencia traumática de la Guerra Civil sorprendió a Alcalde en su período de formación, pero ya entonces era consciente de las limitaciones que había para el arte en España. "La gente no se movía, porque era difícil comer, y los Pirineos nos parecían más altos que los Alpes", recuerda. "Me di cuenta de que tenía que limpiarme de todo aquello, y que era más importante llegar a la sensibilidad que al saber".

Antes incluso de vender sus primeras obras en exposiciones, la plástica salió en auxilio de Alcalde cuando le tocó pasar 16 meses en el campo de concentración de Saint-Cyprien, en Francia. "Allí estábamos mezclados hombres, mujeres y niños, comiendo de lo que teníamos, bebiendo incluso de nuestros orines. Eran campos de exterminio, y la pintura me ayudó a salir de allí, porque hice muchísimos retratos".

Una de las anécdotas más singulares de la carrera de Alcalde refiere el momento en que fue requerido para hacer un retrato -que perdura en el Archivo Histórico Nacional- del presidente republicano Manuel Azaña recién fallecido, en un hotel de la localidad francesa de Montauban. "Siempre digo que Azaña murió de miedo, como sólo los inteligentes y los sensibles pueden morir", asevera el pintor.

Pero también tuvo ocasión de hacer dos retratos de un dictador sanguinario como Trujillo, cuando los vientos del azar lo llevaran hacia la República Dominicana. "Nunca he ido a un sitio porque me apeteciera, sino porque las circunstancias me empujaran. Y tuve suerte de que Franco me animara a huir de España", ironiza. "Trujillo quería hacer una revolución propagandística, y necesitaba artistas para ello. También coqueteó con los republicanos exiliados, a los que llevó a la isla como sementales, para que clarearan la raza, pero acabó teniéndolos que echar".

En tierras americanas conoció también alcalde a Pablo Neruda, "un diplomático exquisito, que sabía lo suyo de pintura", evoca. Pero no tardarían en llegar para Alcalde nuevos embarques, para terminar recalando en París.

En la capital francesa, el cantante Paco Ibáñez tocaba en sus inauguraciones antes de hacerse famoso, y el madrileño se empapó de todas las corrientes estéticas que conformarían la modernidad. Uno de los artistas de los que más aprendió fue su amigo, el mimo Marcel Marceau. De algún modo, tanto Marceau como él se dedicaban a oficios silenciosos, y el francés se había formado al parecer en las Bellas Artes. "El éxito de Marcel fue su fracaso como pintor. Su experiencia plástica le hizo ser perfeccionista hasta extremos increíbles", dice Alcalde.

Algo de teatral tienen también algunas de las obras que se exhiben en Lebrija hasta el próximo 15 de febrero. El marco de los lienzos es el escenario en el que la vida se reproduce con todos sus personajes y alegorías. "La vida es un teatro", admite. "Tantas veces tiene uno que hacer cosas para poder vivir, que se convierte sin saberlo en artista teatral".

Casualmente, el responsable de la galería El Viajero Alado, Bruto Pomeroy, es actor profesional, y hace un par de años dedicó un mediometraje a la figura de Juan Alcalde, titulado La edad de la muerte, donde el pintor repasa los principales episodios de su vida y reflexiona sobre su arte.

Quienes lo han visto trabajar en su estudio de la capital de España se admiran de la vitalidad y el buen momento de inspiración de Juan Alcalde, que sigue produciendo como no acaso podía imaginar ni en sus años mozos. Los ojos le brillan cuando explica algunas de las técnicas que ensaya últimamente. "Es extraño, pero me siento muy bien, sonríe abiertamente. "Sospecho que se debe a que ya pasé la vejez en mi juventud, de modo que ahora me toca ser joven".

Por otro lado, Alcalde asiste con curiosidad a las continuas mutaciones del arte contemporáneo como una manifestación del signo de estos tiempos. "Hay épocas de búsquedas y otras de hallazgos, y ésta es de búsquedas. Pero tengo la sensación de que se ha buscado todo: se ha llegado incluso a exponer la tela en blanco, para despertar la imaginación del espectador. ¿Qué vendrá después? Nadie sabe nada", se pregunta el artista.

"El arte actual es búsqueda, y el artista un hombre metido en un laboratorio", prosigue. "Pero no vemos las conclusiones, todo es laboratorio. Entre la gente nueva hay sensibilidades, sin ninguna duda; pero se echan de menos las totalidades", concluye Alcalde.

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