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Juan Bonilla: "Maiakovski estaba hecho de vísceras, no de ideología"

Juan Bonilla presenta esta tarde su último libro, ‘Prohibido entrar sin pantalones’, una apasionante aproximación a la figura del gran poeta futurista ruso, a medio camino entre la biografía y la ficción

el 03 may 2013 / 09:00 h.

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Como “gamberra y radical” define la publicidad la última novela del gaditano afincado en en el Aljarafe Juan Bonilla, Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral), una apasionante aproximación a la figura de Vladimir Maiakovski, el gran poeta futurista ruso que abrazó el comunismo y acabó siendo asfixiado por el stalinismo. JUAN BONILLA“Es un personaje fascinante en muchos aspectos, y me sirve para, a su través, reflexionar sobre las siempre complicadas relaciones del arte con el poder”, explica Bonilla. Era fundamentalmente un adolescente constante y enérgico: esa fue su gloria, antes de la Revolución Rusa, y su desgracia, después. De adolescente tenía ese absolutismo ambicioso de querer convertirlo todo en arte, en poesía, de tratar de hacer que todo en la vida fuera poético sin descanso, lo cual, naturalmente, es agotador”. No obstante, Bonilla saca partido a la personalidad extrema de este hombre arrogante, narcisista que no podía vivir sin que lo quisieran, moviéndose a medio camino entre la biografía y la ficción. “En una biografía –y sé de lo que hablo- son imprescindibles las fuentes: el biógrafo no puede permitirse demasiadas libertades. ¿Puede hablarse de biografía en un texto donde no hay una sola fecha? Si se lee detenidamente el libro, se verá que lo que parece una tercera persona, es en realidad una primera persona del plural: como si quien narrase fuera un amigo de Maiakovski. Me ha gustado en una reseña que he visto que el articulista dijese: da la impresión de que Bonilla es el único amigo leal que le quedaba a Maiakovski al final”, explica el autor. “Maiakovski estaba hecho de vísceras, no de ideología: quiero decir, su ideología es completamente visceral”, prosigue Bonilla. “Sabe que a la revolución sólo se llega por la desesperación (aunque una bajada de sueldo a los militares quizá ayudaría), y va a buscar a los desesperados a recitarles el Manifiesto Comunista, pero no porque crea en el Manifiesto Comunista, sino porque necesita a los desesperados, necesita colar entre los párrafos del Manifiesto Comunista sus propios poemas bolcheviques”, agrega. Lo seguro es que Bonilla vuelve a revelarse como un novelista imprevisible: “Supongo que la próxima novela que escriba será tan distinta a esta como esta lo es de mis novelas anteriores, aunque me he quedado con ganas de escribir la novela que –al final de mi libro- se dice que está escribiendo Maiakovski, una novela negra sobre un asesino en serie que mata a poetas”. Veremos.

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