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Toros

Juan Carlos Carballo se hace sitio en la final

El aspirante de Badajoz cortó dos orejas a un importante eral de Guardiola. Carlos Corradini obtuvo un trofeo del sexto aunque habría sido más justo el que le negaron con el tercero.

el 11 jul 2014 / 09:49 h.

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Se lidiaron seis erales de Guardiola, en su rama Villamarta, muy bien presentados y de fondo manso en líneas generales. A pesar de ese aire rajado sirvió mucho el noble primero; fue de más a menos el segundo; tuvo calidad por el pitón izquierdo el tercero; quedó inédito el cuarto; pese a su mansedumbre, el quinto tuvo mucha importancia; el sexto, potable, también resultó rajadito. Díaz Cruz (de Pilas, vestido de marino y oro), silencio y silencio tras aviso. Juan Carlos Carballo (de la Escuela de Badajoz, vestido de crema y cordón blanco), ovación tras aviso y dos orejas tras aviso. Carlos Corradini (Escuela de Sevilla, vestido de salmón y oro), vuelta al ruedo tras petición y aviso y oreja. La plaza registró dos tercios de entrada en noche muy calurosa. diaz-cruz-maestranzaEl ambiente familiar de los tendidos en estos festejos de promoción es su mejor fachada y el aval más sólido de su necesaria continuidad. El cartel reunía a un chico de Pilas del que nada se sabía; otro de Badajoz al que el valor se le suponía y un sevillano con un nombre que viene sonando junto a otros aspirantes de la renovada cantera hispalense que este año, más que nunca, está obligada a dar un paso al frente en los tres festejos clasificatorios que antecederán a la gran final. Pero el que remojó el gato, una vez más, fue el pacense. No sabemos que torreznos ibéricos alimentan a los alumnos de la Escuela de la Diputación de Badajoz pero el anuncio de estos pupilos siempre es un certificado de una mínima capacidad. Así lo demostró el tal Carballo, inasequible al desaliento en todos los tercios, con todos los engaños y en todos los terrenos. carballo-maestranzaCarballo recibió al primero con dos largas de rodillas, limpias y sedosas. Maneja el capote con soltura y desparpajo aunque la menudez de su talla le obliga a llevar el lance un poco hecho. Pero el chico tiene valor, que avaló respondiendo con firmeza e impavidez al quite de Corranidi en ese segundo, un precioso remendado de inconfundible sangre Villamarta al que supo hacer las cosas bien, con oficio y recursos. El calvario llegó con la espada: se tira a matar sin orden ni concierto, quedándose en la cara y dando un extraño giro. Los viajes se multiplicaron aunque el eral sólo dobló cuando se decidió a usar el descabello. Pero lo mejor estaba por venir. Carballo se marchó a la puerta de chiqueros a recibir al quinto que, a la postre, sería el novillo más importante del envío de Guardiola. Dibujó la larga con limpieza e hizo vibrar al personal toreando a la verónica. Pero aún hubo más: se ciñó por chicuelinas y remachó su intervención capotera con otra larga cambiada rodilla en tierra que volvía a certificar su buena actitud, la única con la que se debe y se puede afrontar un compromiso de estas características. Un extraño muletazo cambiado por la espalda a modo de arrucina acabó haciéndole volar por los aires en una tremenda voltereta. Pero el menudo lidiador extremeño no se arredró y supo esperar el buen fondo que atesoraba este quinto, que rompió a embestir con importancia por el lado izquierdo. Por esa mano, al natural, fluyó lo mejor de una faena que transcurrió muy cerca de la puerta de chiqueros. Novillo y novillero se acoplaron a la perfección en un largo recital de pases largos y templados que sólo tuvo un borrón: el inoportuno desarme final que rompió en parte el hilo del trasteo. Carballo se tiró a matar como Orzowey en la selva y se llevó un nuevo castañazo. El presidente, que no tuvo su noche, le concedió las dos orejas. Carlos-Corradini-maestranzaEl sevillano Carlos Corradini había llevado a la plaza el regimiento más nutrido de fieles y partidarios. Estuvo cerca de cortar la oreja del tercero, un espectacular berrendo un punto distraído al que no logró torear con el capote. La faena tuvo cierta compostura y logró el mejor acople en una intensa serie que no tuvo continuidad. El novillo era mejor por el lado izquierdo pero el joven valor sevillano no logró cogerle el aire por completo. Eso sí, después de doblar la espada al primer intento le agarró una gran estocada. El usía le mandó un inoportuno aviso con el acero enterrado. También debió darle la oreja que el público pidió por mayoría. Sí lograría cortarla del sexto, un animal cuajado y con cierta calidad al que toreó con buen aire con la mano izquierda en un trasteo entonado que abrochó con nuevos naturales dichos de frente y a pies juntos. Abría el cartel el nombrado Díaz Cruz, que pasó un indisimulado calvario para despachar a sus dos erales. El naufragio alcanzó cotas oceánicas con el cuarto. Más que un quinario, hubo novena, rosario y exposición mayor para echarlo abajo. Le hicieron un flaco favor anunciándolo.

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