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Juan Espadas es el elegido

el 11 mar 2010 / 23:09 h.

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Juan Espadas.

El inmenso caudal de comentarios y elucubraciones desatado en torno a quién será el candidato del PSOE a la Alcaldía de Sevilla en las municipales de 2011 tiene ya una fecha de caducidad inminente. Sólo nueve días después de que el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, diese rango de oficialidad a la marcha de Alfredo Sánchez Monteseirín del Ayuntamiento, los nombres barajados han quedado reducidos a uno solo, el del actual consejero de Vivienda y Ordenación del Territorio del Gobierno andaluz, Juan Espadas.

Las dudas, si es que alguna vez las hubo, están disipadas: Espadas es el elegido. La decisión formal aún no ha sido tomada en los órganos correspondientes, pero la dirección regional y la provincial coinciden en que este político nazareno nacido en Sevilla en 1966 y con residencia en Nervión reúne las condiciones idóneas para combatir en un escenario muy delicado para el PSOE, con una tendencia a la baja que se contrapone al ascenso sostenido del candidato del PP, Juan Ignacio Zoido, quien a día de hoy se siente muy cerca de lograr la mayoría absoluta en los próximos comicios. La elección de Espadas queda pendiente del filtro de la ejecutiva federal, que no pondrá objeciones a su designación salvo que se tope en el camino con una propuesta sorpresiva capaz de alterar de forma brusca las tendencias que marcan las encuestas. Ésta no sería otra que la de un peso pesado del calibre de Alfonso Guerra, pero esta posibilidad no se maneja, en vista del rechazo elegante pero rotundo del ex vicepresidente del Gobierno a encabezar una lista que le haría retomar la primera línea de la escena política en sus últimos años de carrera. ¿Y porqué Espadas y no otros presumibles candidatos como el mismo delegado de Urbanismo y Presidencia, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis? Pues hay razones de gestión y de imagen. El hasta ahora alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, parte del grupo municipal socialista y un número muy sustancial de agrupaciones de la capital apostaban por trasplantar a Sevilla el modelo Barcelona, es decir, una solución a modo de relevo natural en la que Monteseirín cedería la vara de mando, y con posterioridad la candidatura, a quien ha sido en los últimos años su hombre fuerte en el Consistorio: Alfonso Rodríguez Gómez de Celis.

Pero el propio Celis sabe que requiere de algo más. Cuenta con la confianza de Griñán y sabe moverse bien en la ejecutiva federal, donde es visto como un político emergente y de valía al que hay que tener en cuenta. Pero estas expresiones de cariño quedan en eso, en simples muestras que no se traducen en apoyos decididos para el objetivo marcado de sentarse en el sillón de la Alcaldía. A falta de ese candidato capaz de romper la fotografía electoral con el solo anuncio de su candidatura, todo vuelve a su cauce natural. Y eso implica, como bien remachó Griñán este martes en una entrevista en la SER, que la elección del candidato del PSOE a la Alcaldía recae en la ejecutiva provincial y en quien ostenta la máxima responsabilidad de esta agrupación, José Antonio Viera. Esta aseveración podría pasar como una obviedad, pues en puridad le corresponde a este órgano la toma de esta decisión. Pero en realidad escondía algo más, pues estaba comunicándole a quien quisiera escucharlo que en la decisión del candidato se apostaría por quien quisiese la dirección provincial.

Fin de la historia. Ni amago de primarias ni más movimientos de última hora. No más habladurías. Viera dará el nombre del candidato. Y eso descarta a un Gómez de Celis tildado por la Ejecutiva de "parte del problema, y no de la solución". A ojos de la dirección, Celis, que ya ha iniciado su propio desmarque en esta partida de sutilezas, representa una continuación de Monteseirín, y en consecuencia sería un candidato con experiencia municipal y un liderazgo consolidado, pero también marcado por el fortísimo desgaste del Gobierno local y por el acoso de una oposición que muerde con saña. Espadas, por el contrario, no estaría contaminado. Se trata de un político con un discurso muy bien estructurado, que gana mucho en la distancia corta y cuya capacidad de gestión ha quedado demostrada en una carrera en la Administración autonómica en la que ha ejercido de director general, secretario general de Egmasa, viceconsejero de Medio Ambiente y, desde hace dos años, consejero.

Su punto más débil es su escasísimo grado de conocimiento (este mismo periódico publicó hace tres semanas una encuesta que le daba un 9,2% de reconocimiento entre los andaluces), pero el PSOE considera que es factible poner al candidato en carga en un tiempo razonable. Lo hizo el PP con Zoido en Sevilla cuando lo puso de candidato nueve meses antes de las municipales de 2007 (y ganó). Y lo puede hacer el PSOE con un Espadas que además puede tener buenos asideros para adquirir mayor relevancia pública. De hecho, se manejan dos opciones: mantenerlo en el Gobierno autonómico o adelantar su aterrizaje en la Plaza Nueva mediante su inclusión como delegado no electo en un gobierno que presidiría Rosamar Prieto-Castro. La jugada se antoja complicada, pero aquí nadie aventura una empresa fácil. Todo lo contrario. Espadas es consciente de que trabajará a contracorriente, en un escenario convulso, con un fuerte desgaste y frente a un PP desatado. Pero sabe que puede jugar sus bazas. Y lo hará. Es el elegido. Y peleará por ello.

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