Cultura

Juan José Macías, el cabaret entre platos

Los restaurantes de Sevilla empiezan a incluir piezas breves de teatro en directo. Es el caso de Egoísta, que apuesta por recuperar el espíritu del cabaret entre plato y plato. El protagonista fue Juanjo Macías, quien propone un juego dramático tan interesante como original.

el 15 sep 2009 / 05:22 h.

Es habitual que las grandes ciudades incluyan en su oferta cultural la iniciativa privada de algunos locales de ocio como bares, discotecas o restaurantes, que atraen a sus clientes ofreciéndoles piezas breves de teatro en directo. En Sevilla, sin embargo, este tipo de género no ha tenido, hasta ahora, un espacio donde expresarse con asiduidad. Por fortuna, parece que comienzan a emerger algunas iniciativas al respecto, como ésta del restaurante Egoísta, que apuesta por recuperar el espíritu del cabaret entre plato y plato.

Y como para muestra basta un botón, el jueves tuvo lugar allí una actuación en solitario de Juanjo Macías que, como él reconoce, rebasa los márgenes del monólogo cómico al que estamos acostumbrados. Así, este actor, animal de teatro donde los haya, uniendo un profundo conocimiento teatral a un ingenioso y profuso sentido del humor, propone un juego dramático tan interesante como original.

Se trata de una especie de "teatro contado" en clave de humor, un monólogo que, al hilo que nos relata el argumento de una conocida obra de teatro de algún autor insigne como Lorca o Shakespeare, establece un juego de interacción con el público que acaba conformando, con un discurso tan hilarante como irreverente, una comedia en la que el espectador no puede dejar de implicarse.

Y es que este actor gaditano, afincado y formado en Sevilla, parece tener una capacidad innata para comunicarse con el público y situarlo en una zona de abstracción donde el humor y el ingenio no dan tregua a la distracción. Su poder de improvisación tiene tan pocos límites como su capacidad para transmitir y hacer al público partícipe de su desvergüenza, aunque nada de eso sería posible sin un absoluto dominio de la técnica que le permite desplegar un sinfín de recursos dramáticos. Así, con su ingenio y maestría, Macías nos demuestra que cualquier espacio es válido si el cómico, como es su caso, sabe habitarlo.

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