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Juego de tronos en el PSOE de Griñán

En la guerra de las listas se han desobedecido instrucciones del secretario general y jugado en clave interna.

el 19 feb 2012 / 18:34 h.

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Después de casi dos años sin una relación fluida, José Antonio Griñán ha dado pasos para recomponer su amistad con Manuel Chaves. El pasado lunes, tras la ejecutiva federal del PSOE, el presidente andaluz tuvo un gesto de acercamiento con quien fue su amigo íntimo y mentor y le trasladó su convencimiento de que es necesario que recompongan sus relaciones. Desde el entorno del expresidente no le dan más importancia y solo aseguran que si hay alguien interesado en que la operación Griñán no fracase y acabe en derrota electoral es el propio Chaves, que fue quien lo puso. Es solo un gesto, pero dice mucho de lo que ha supuesto la confección de las listas en el PSOE andaluz. El juego de tronos en el que se ha convertido el proceso, aprovechando el título del best seller que muestra las violentas luchas dinásticas entre varias familias nobles por el control del Trono de Hierro, ha disgustado profundamente a Griñán. No es excusa, él es el secretario general y máximo responsable. Pero sí puede marcar un punto de inflexión a cinco semanas de las elecciones.

Griñán hizo autocrítica. Entonó su mea culpa y fue elegante cuando luego, ante un grupo de periodistas, dejó claro que no apuntaba a nadie y se puso por delante al enumerar a los responsables del último gran enredo interno que acabó con la dimisión del secretario provincial de Sevilla, José Antonio Viera.


El presidente de la Junta asegura que no ha puesto condiciones imposibles para elaborar las listas. Ha salvado a todo su Gobierno excepto a la consejera de Obras Públicas. El resto de consejeros y consejeras tienen un lugar seguro en el grupo parlamentario. Otros nombres suyos son el de Fuensanta Coves o Manuel Gracia. En el caso de Sevilla, la provincia por la que Griñán será candidato, puso tres condiciones. Susana Díaz, su secretaria de Organización, debía ocupar el número dos. Se daba por descontado que debían ir las consejeras de Salud y Hacienda, María Jesús Montero y Carmen Martínez Aguayo. Y pidió expresamente, tanto a Viera como a Díaz, que quería a Miguel Ángel Vázquez, secretario de Comunicación del PSOE-A y un parlamentario de su confianza. "Cuando hablo de nombres yo en lo que pienso es en el grupo parlamentario, veo la tribuna del Parlamento", dijo Griñán a los periodistas. Queda claro que no todos los que han negociado piensan como él. El nombre de Vázquez, que se ha despedido elegantemente en su blog, nunca se llegó a poner sobre la mesa. La número dos del PSOE-A ignoró la petición y apostó por alguien de su total confianza que será clave en su juego de contrapoderes del partido en Sevilla, Carmelo Gómez. Griñán se encargó personalmente de que esta apuesta de su secretaria de Organización bajara al nueve de la lista. Un castigo, una forma de hacer patente su descontento. Los comentarios del propio presidente dejan al descubierto un distanciamiento con su número dos y a la que muchos en su partido critican por no haber empleado el criterio de escoger a los más válidos sino de haber jugado en clave orgánica, apuntalando su poder en Sevilla para después del 25 de marzo y ante el Congreso regional que deberá celebrarse antes de que termine julio.

Si algo encadilaba de Griñán cuando era vicepresidente económico del Gobierno era su discurso sobre la política, tan crítico y alejado de las reglas imperantes. Resultaba muy atractivo oirlo despreciando ese reparto de cargos en virtud del carné del partido y no de la valía profesional. Le repelía que los delegados del Gobierno fueran designación de los secretarios provinciales del partido en una regla no escrita que le funcionó muchos años a Chaves y Pizarro.

Griñán ha sido el político al que más se le ha oído defender la meritocracia, pero de sus listas electorales se han caído algunos de los parlamentarios más meritorios. No irá Pilar Navarro por Almería, la brillante estudiante de matrícula de honor que recaló en la política y ahora admite estar harta y dolida. Ni la llamaron para explicarle su expulsión de las listas. Tampoco estarán Rosa Ríos, que defendió la ley de muerte digna, o Regina Cuenca, de la dirección del grupo y portavoz en la última gran reforma de la ley urbanística. Otros como Fernando Martínez, que defendió las leyes municipales, está pero sin posibilidad de salir. Se va voluntariamente otro protagonista, Ángel Gallego, que trasladó por carta su interés por marcharse y no morir de parlamentarismo. No todos caben y menos cuando las expectativas electorales del PSOE caen en picado. Muchos han echado de menos en el lío de las listas al Griñán de la meritocracia.

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