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Juego sucio en la política española

No vale todo. En política, ni en nada, es lícito el juego sucio. Por muy acostumbrados que estemos a los golpes bajos, a las campañas de descrédito o a la deslealtad institucional, todas esas conductas son aborrecibles. Y eso vale para todos. Para el periódico que olvida

el 16 sep 2009 / 03:27 h.

No vale todo. En política, ni en nada, es lícito el juego sucio. Por muy acostumbrados que estemos a los golpes bajos, a las campañas de descrédito o a la deslealtad institucional, todas esas conductas son aborrecibles. Y eso vale para todos. Para el periódico que olvida su noble función social para irrogarse una función sobrenatural, una especie de misión bíblica que abre o cierra las puertas de su particular paraíso a su antojo. Vale, por ejemplo, para el partido que le asesta un navajazo al ex -presidente Chaves sabiendo que se trata de un gobernante honrado y que la acusación de arbitrariedad en la concesión de una subvención para beneficiar a su hija es falsa.

Lo mismo sirve para quien se ponga a nadar en el fango que desacredita in genere a la clase política española. La utilidad de los mítines es inversamente proporcional a los excesos verbales que solo compran los hooligans.

El contraste entre los políticos españoles y los ingleses en cómo afrontar la corrupción de su gente es clamoroso. Medio Parlamento ingles, empezando por su presidente, se van a ver, ya se ven, fuera del escaño. Los dos partidos han depurado inmediatamente las conductas inaceptables por la ciudadanía. Saben que el desafecto de los ingleses a sus representantes políticos pone en peligro la estabilidad de su democracia centenaria. Nadie se ha enzarzado en una bronca para echarse unos a otros culpas ciertas, máxime si son falsas. Nadie se ha puesto a trampear con las imputaciones de malversaciones cotidianas de parlamentarios de cualquier signo político. Nadie se jacta de entrar en el juzgado y salir de él con una cédula de imputado.

La navaja con la que los teloneros cortan el chorizo en el abrevadero cotidiano es la misma con la que se suben a la tribuna, oliendo a ganado estabulado. No vale todo. No queda más que confiar en la ciudadanía que una y otra vez da no solo muestras de paciencia frente a esta pringue sino que se manifiesta, hasta ahora, refractaria ante los excesos de la clase política que los exhibe.

Pero todo tiene un límite y no conviene jugar con la paciencia de los españoles ni provocar que el odio envenene la calle. Hay precedentes.

Abogado

crosadoc@gmail.com

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