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Justicia barata

Cuando en el año 1969 el derrumbe de un comedor dejó 68 muertos, Gil no conocía a Muñoz, Muñoz no conocía a Roca, y Franco no conocía a Bermejo, pero cuarenta años después todos ellos se unen con el delgado hilo de la justicia...

el 15 sep 2009 / 04:41 h.

Cuando en el año 1969 el derrumbe de un comedor dejó 68 muertos, Gil no conocía a Muñoz, Muñoz no conocía a Roca, y Franco no conocía a Bermejo, pero cuarenta años después todos ellos se unen con el delgado hilo de la justicia, que con el pretexto de evitar costes deja sin castigo un enriquecimiento ilícito. La apasionante (para él) vida de Julián Muñoz le hace pasar en sólo 15 años de ser un camarero, con perdón para la hostelería, a tener un capital escondido imposible de acumular con un trabajo honrado, pero que queda bendecido por una justicia a la que Bermejo recrimina su pasado franquista.

La unión de Roca, Gil y Muñoz pone en común la astucia de uno, la avaricia de otro y la estulticia del tercero, plasma perfecto para el cultivo del fraude y el dinero que cada uno de ellos acumula con el castigo más barato que se pueda comprar. Gil compró el suyo al Almirante Carrero Blanco; Muñoz acuerda ahora con la justicia que dirige Bermejo tres años de prisión por sus desmanes. Esto saldrá barato a la justicia, pero a Marbella y a los españoles les ha salido muy caro. El dinero que falta se lo queda el reo. Decir que el franquismo es el culpable de la situación de la justicia, como ha dicho el ministro Bermejo, no puede ser más injusto; permitir que se apliquen los mismos criterios que la justicia franquista es cinismo; conseguir que tres años de cárcel laven el dinero robado es un insulto; pasar de camarero a millonario con solo tres años de cárcel y no tener que devolverlos, es una injusticia. Para todo lo demás, Mastercard.

Consultor de comunicación

isidro@cuberos.com

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