Local

«K no hables con nadie! TQM»

Los expertos reclaman un cambio del Código Penal para poner coto a la violencia de género a través de las redes sociales

el 25 sep 2014 / 12:00 h.

TAGS:

No quería escotes, ni ropa corta, ni salir a la calle, ni hablar con nadie... Tenía 16 años y un novio de 17 que ahora tiene una orden de alejamiento de 200 metros. Su madre, que suplica el anonimato, recuerda que empezó a notar que su hija estaba «muy nerviosa» y que el rendimiento académico comenzó a menguar. Hoy, con su hija de fondo riendo y preparada para salir con un «pantaloncillo corto», María (nombre ficticio) sentencia: «La han machacado. Los moratones se van, lo otro no». Lo otro son las amenazas verbales y el acoso a través del móvil. «Solo soy yo. Quita del Whatsapp a tus amigas, que no me caen bien». La hija de María conocía al presunto agresor desde Primaria y fue el instituto en el que ambos estudiaban el que alertó a la familia de lo que estaba pasando. El padre del joven decía que «la culpa era de mi hija, porque le provocaba», recuerda María, que tiene grabada en la mente la reacción de su hijo de nueve años cuando supo del sufrimiento de su hermana: «Le decía me lo tendrías que haber dicho.Te habría defendido». Tampoco se borra fácilmente la imagen de un hombre de 52 años «llorando como un niño por la impotencia», alude María a su actual marido, que no es el padre biológico de la menor. Su padre fue denunciado por María hace ya más de 16 años. «Me llevé la primera torta; la segunda ya no. Me he sentido muy culpable por no haberlo detectado en mi hija», señala esta madre. La abogada especializada en casos de violencia de género, Amparo Díaz, llama la atención sobre la «tremenda sensación de impunidad» que sienten las víctimas de estas agresiones 2.0, que «no son solo un acoso, es más que eso. Se trata de un nuevo modus operandi con una dimensión y difusión mundial». Gráficamente, Díaz lo resume de la siguiente manera: «Hemos pasado de la crisis de ansiedad de la violencia de género tradicional, a la crisis de reputación de la violencia ejercida a través de las TICS». «El móvil –continúa relatando esta abogada_– es la nueva arma contra las mujeres. A través de él, se acosa, se inventan datos sobre las víctimas, se tergiversan y se difunden aquellas imágenes que más daño puede hacer». En este último caso, Amparo Díaz alude a la práctica conocida como sexting, envío de imágenes de contenido sexual altamente comprometidas. «El daño _es más grave y la víctima se queda sin el más mínimo espacio de seguridad». Pese a que el fenómeno de la violencia de género a través de las redes sociales está extendiéndose de manera alarmante, hasta el momento no hay estadísticas ni informes oficiales que cuantifiquen el alcance del problema. Para empezar, no está ni siquiera claro cómo denominarlo: «Este deficitario estado de la cuestión afecta igualmente al propio concepto que manejamos para referirnos a este fenómeno. En España solemos utilizar ciberacoso para referirnos a muchas y variadas prácticas perniciosas que se realizan a través de internet. Por ejemplo, usamos indistintamente ciberacoso y ciberbullying para referirnos al acoso escolar a través de internet. Utilizamos ciberacoso para referirnos al Grooming o el intento de un adulto por seducir y agredir sexualmente a un/a joven», recoge una primera aproximación a esta cruda realidad realizada por el Ministerio de Sanidad y titulada El ciberacoso como forma de ejercer la violencia de género en la juventud. Un riesgo en la sociedad de la información y el conocimiento. «Yo soy su novio, yo soy su novio», era lo que repetía en tono amenazante el novio de Clara (nombre ficticio), de 13 años, a los padres de esta chica, que un año después de los hechos esperan la fecha del juicio con el que confían poner punto y final a esta pesadilla. «El miedo no se me va a quitar en la vida. Es una anulación y manipulación total de la persona», cuenta la madre de Clara al otro lado del teléfono. En el estudio Violencia de género en las universidades españolas (2005-2008), las mujeres encuestadas (de entre 18 y 31 años) que habían sufrido episodios de violencia, un 14,3 por ciento reconocían que habían intentado aislarlas «controlando» sus decisiones; un 4,37 por ciento habían sido agredidas físicamente; un 11,7 por ciento se sintieron «obligadas a prácticas sexuales que no querían» y un diez por ciento afirmaban que se habían difundido imágenes, insultos o mensajes por internet o por el móvil «sin su permiso». La violencia machista no entiende de clases sociales y de entornos más o menos marginales. Sobre esto sabe, y mucho, la profesora de la Universidad de Sevilla y delegada del rector para la Igualdad, María Jesús Cala. Este curso se reactivará la red ciudadana de voluntariado para la detección y apoyo de víctimas de violencia de género en la Universidad de Sevilla. Esta red la conformarán 250 estudiantes y medio centenar de personal administrativo y docente tras una formación teórica y práctica por la que recibirán créditos de libre configuración. Con esta experiencia, inaugurada en 2012 con muy buena acogida, se persigue «sensibilizar a la comunidad universitaria, saber detectar los casos de violencia y contar con una red universitaria activa contra este problema social», afirma Cala. Ante esta realidad que «no es un problema de la tecnología sino de educación», en palabras de la psicopedagoga María del Mar González en su ponencia Jóvenes y violencia de género, otra forma de control del WhatsAap, la abogada Amparo Díaz aboga por una revisión en profundidad del Código Penal, que «no está redactado pensando en las TICS», así como en la necesidad de que «se capacite» de manera urgente a los profesionales que abordan la violencia de género en todas sus manifestaciones. «Conseguir una condena –continúa Díaz– es difícil, pero es necesario ir hasta el final para que los agresores no se sientan impunes. Que nadie piense que no se les va a localizar. Aunque se escondan en perfiles falsos, al final se les termina localizando». Mientras los poderes públicos toman buena nota y se ponen a legislar sobre esta materia específica, organismos como el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) ha decidido poner en marcha los llamados Seminarios Provinciales para Mujeres Asociadas (Asocia) para dar a las organizaciones de mujeres pautas con las que prevenir, detectar y actuar frente a la ciberdelincuencia de género. En el caso de Sevilla, el seminario se impartirá el próximo 5 de noviembre. La directora del IAM, Silvia Oñate, se apresura a hacer una defensa de las nuevas tecnologías como «un instrumento de alianza fuerte» en la lucha contra la violencia de género, pero sin dejar de «estar alerta» ante «nuevas formas de maltrato», en las que el mayor anonimato, la suma de maltratadores y la viralidad hacen de la ciberdelincuencia un campo casi inabarcable. «La violencia de género se introduce por todos los resquicios. En eso consiste. El usuario debe formarse en internet. Digo sí a las tecnologías pero no a las formas para reproducir estereotipos». Al fin y al cabo, la pelea sigue siendo contra el mismo enemigo, el machismo, se manifieste donde se manifieste.

  • 1