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Kanouté afianza al Sevilla en la tercera plaza liguera

Dos chispazos de Jesús Navas cuando el partido agonizaba permitieron a Kanouté dar la victoria al Sevilla con sendos remates al fondo de la red, un triunfo que pone fin a la racha de tres derrotas consecutivas y permite al equipo de Jiménez aumentar su ventaja sobre Valencia, Villarreal y Atlético.

el 15 sep 2009 / 22:42 h.

Dos chispazos de Jesús Navas cuando el partido agonizaba permitieron a Kanouté dar la victoria al Sevilla con sendos remates al fondo de la red, un triunfo que pone fin a la racha de tres derrotas consecutivas y permite al equipo de Jiménez aumentar su ventaja sobre Valencia, Villarreal y Atlético.

Como no podía ser de otra forma, porque ya parece una característica intrínseca, el Sevilla tuvo que esperar hasta el último suspiro para conocer su suerte. Esta vez, la suerte le sonrió, y de forma merecida. Si en la primera parte ni brilló ni hizo más méritos para ganar el partido que su adversario, en la segunda su cara fue muy distinta, especialmente cuando se vio favorecido por la expulsión de Lola. A partir de ese momento, sacó lo mejor de sí mismo, fuerza en defensa, calidad jugando la pelota en ataque y, sobre todo, pegada para sentenciar el encuentro con dos goles que permiten al equipo respirar cuando lo estaba pasando mal y a Jiménez, salvar otra delicada situación. En cualquier caso, es innegable que se puede mejorar, y bastante.

Cuando comenzó el encuentro, el Espanyol -de manera provisional en ese momento- ocupaba ya el último puesto de la tabla. El dato se hizo preocupante, pero ya no sólo para el conjunto barcelonés, sino para el Sevilla, incapaz de imponerse a un equipo que le perdonó la vida hasta en tres ocasiones antes de que el partido llegase al descanso. Impreciso, sin veneno en las bandas ni otra referencia arriba que Kanouté, el Sevilla volvió a sufrir de lo lindo. Cada vez que atacaba, el balón moría en pies de la defensa local y propiciaba una y otra vez que el Espanyol lanzara contragolpes con el equipo fisurado. Nené, al que Mosquera nunca impidió que hiciera daño en la primera parte pese a que luego el colombiano se rehizo, puso dos centros que no acabaron en gol de auténtico milagro. Luis García, otrora verdugo nervionense, no acertó ayer. Y el Sevilla le dio las gracias.

Romaric, al que no pesó haber jugado a mediados de semana con su selección, ejerció de líder en el centro del campo. Habló y jugó siempre, sobre todo cuando Renato (mediapunta) intervenía lo justo y Jesús Navas y Diego Capel no encontraban huecos. Por entonces, las aspiraciones se encomendaban a los disparos lejanos. Kanouté y Romaric probaron suerte, aunque la ocasión más clara del Sevilla en los primeros 45 minutos corrió a cargo del palaciego, cuando éste, por la izquierda, ganó la espalda a Sergio Sánchez y disparó fuera delante de Kameni (39'). Todo ello en plena ofensiva local, con Palop viendo una y otra vez cómo Luis García no marcaba de puro milagro.

otro sevilla. Fazio, con problemas casi siempre para jugar la pelota, tuvo que redoblar su esfuerzo con la salida al campo de Iván de la Peña tras el paso por vestuarios. No obstante, el Sevilla en general salió mucho más enchufado. Kameni evitó que Renato y, luego, Fazio marcaran tras sendas internadas en el área; Kanouté y Capel también asustaron con disparos desde la frontal, aunque la mejor ocasión fue para el equipo de Pochettino: cuando se cantaba el gol, David Prieto sacó bajo palos un remate de Coro con Palop batido en la que el Espanyol también desperdició el rechace.

El cielo pareció abrirse para el Sevilla tras la expulsión de Lola, por doble amarilla, en el minuto 63. Su ofensiva se recrudeció y llegaron las mejores ocasiones. La entrada al campo de Adriano por el renqueante Fernando Navarro fue para bien. Un centro del brasileño lo cabeceó Renato al poste, justo el mismo palo que poco después volvería a repeler un disparo de Romaric que roza previamente en un defensor. El gol asomaba por la esquina para el Sevilla, y llegó, justo cuando apareció el mejor Jesús Navas. Dos acciones suyas permitieron a Kanouté marcar a placer bajo palos y, de este modo, dar así la ansiada victoria al equipo de Jiménez.

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