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Kosovo divide a la UE

La declaración unilateral de independencia de Kosovo, hasta la fecha provincia autónoma de Serbia en teoría, pero protectorado internacional desde hace casi una década en realidad, ha vuelto a plasmar las diferentes sensibilidades e intereses que cohabitan en la Unión Europea.

el 15 sep 2009 / 00:20 h.

La declaración unilateral de independencia de Kosovo, hasta la fecha provincia autónoma de Serbia en teoría, pero protectorado internacional desde hace casi una década en realidad, ha vuelto a plasmar las diferentes sensibilidades e intereses que cohabitan en la Unión Europea.

Los grandes de la unión -Francia, Reino Unido, Alemania e Italia- se muestran dispuestos a reconocer de inmediato al nuevo país. Pero otros estados como España, Grecia o Rumanía aseguran que no lo harán sin la preceptiva bendición de la ONU de la que todavía carece la independencia. Aunque Kosovo no puede ser precedente para otros territorios europeos donde el nacionalismo tiene gran predicamento la postura de España delata el temor de algunas naciones a que sí se convierta en una peligrosa referencia.

La oposición de Serbia a la soberanía kosovar es absolutamente comprensible y la de Rusia también porque la fórmula podría salpicar a ciertos territorios de la desaparecida Unión Soviética que aspiran a soltar amarras de sus actuales repúblicas. Es previsible no obstante que los contrarios al proceso de independencia no irán más allá de las respuestas políticas y comerciales.

El objetivo colectivo a partir de ahora sólo puede pasar por ayudar al nuevo país a poner en marcha unas estructuras sociales básicas que le permitan afrontar el futuro con algunas garantías. Los serbios son conscientes que buena parte de las responsabilidad de la excepción kosovar la tuvieron sus propios dirigentes y la represión brutal a la que sometieron a los albano kosovares. Éstos, por su parte, no deben dejar pasar esta oportunidad histórica para demostrar al mundo que son capaces de vivir en paz no sólo con sus vecinos siono con la propia minoría serbia que vive dentro de Kosovo.

Y la Unión Europea se la juega especialmente en este singular proceso que ella misma alimentó. Si la apuesta sale mal, la división interna de estos días se habrá consagrado para siempre en la UE. Y el actual espacio europeo de concordia, paz y desarrollo podría estar seriamente en peligro.

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