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La activista saharaui renuncia a toda atención médica

Haidar asegura que fue el juez que la visitó el domingo quien la ha obligado a renunciar, incluso, a la visita de su doctor habitual.

el 07 dic 2009 / 20:20 h.

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El juez de Arrecife Jerónimo Alonso rechazó ayer la hospitalización de Aminatu Haidar -que ha iniciado su cuarta semana de huelga de hambre- e, incluso, someterla a tratamiento médico en contra de la voluntad de la activista, que ha dejado claro que no quiere ningún tipo de asistencia sanitaria. Después de que el domingo una comisión judicial acudiera al aeropuerto para comprobar su estado de salud, Haidar rechazó ayer ser atendida por cualquier médico, ni siquiera por el facultativo Martín de Guzmán, quien de forma voluntaria la ha estado visitando desde el inicio de su protesta.

"El juez me ha empujado a tomar la decisión de renunciar a toda atención médica", explicó Haidar en un comunicado justo después de que se anunciara que el juez tenía previsto mandar a otro médico para comprobar su estado, ya que hay informes contradictorios sobre los efectos en su salud de la huelga de hambre que mantiene. Con todo, el juez de Arrecife acordó "no haber lugar al traslado forzoso de Haidar a un centro hospitalario para que se valore su estado de salud o para que sea sometida a tratamiento contra su voluntad."

La activista saharaui no podría ser alimentada forzosamente por orden de un juez mientras se encuentre consciente, debido a que la doctrina constitucional existente sobre esta cuestión obliga a esperar a que se produzca una pérdida de la consciencia. La doctrina se remite a la sentencia 120/1990, de 27 de junio, dictada en respuesta a la huelga de hambre iniciada a finales de la década de los 80 por casi medio centenar de presos de los GRAPO. El Alto Tribunal se planteó la colisión entre el derecho a la libertad individual y a la vida y se prohibió la alimentación forzosa a los penados mientras estuvieran en su sano juicio.

Sin embargo, el caso de Haidar es distinto porque su tutela no depende del Estado -como ocurría con los presos- ni de otra persona -como los menores hijos de Testigos de Jehová cuyos padres rechazan transfusiones-.

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