“La acusación de despilfarro es un montaje orquestado por el PP”

Entrevista al secretario general de UGT-A, Manuel Pastrana, que da un paso atrás y dejará de liderar el sindicato el próximo 11 de mayo.

el 01 may 2013 / 21:06 h.

15031592 ENTREVISTA DE JUANA GONZÁLEZ CEREZO. (DIARIO JAÉN) Manuel Pastrana Casado (Archidona, Málaga, 51 años) dejará su cargo de secretario general de la UGT-Andalucía tras quince años en el puesto el próximo 11 de mayo, una decisión tomada hace tiempo que se conoce en medio de acusaciones de derroche de fondos del sindicato. Ha dejado atado el nombre de su sucesor, aunque subraya que no habrá continuismo. Augura cambios urgentes en la organización y defiende su gestión a pesar de las estrategias de desprestigio que solo pretenden “achicharrar” las siglas de la UGT. Su próximo destino: Jaén. –Pregunta obligada, ¿por qué deja el cargo al frente de UGT-A? –Nunca había pensado estar al frente de la UGT quince años. Tendría que haberlo dejado hace cuatro, pero estaba en la UCI y tuvimos que prorrogar el congreso. Una reacción mayoritaria dijo que mientras el secretario general estuviera así no iban a montar un cambio aprovechando esa situación. Hubo otro grupo que, dentro de la normalidad, entendió que sí había que emprender ese cambio. Al final, cuando llegó el congreso, la mayoría optó porque volviera a presentarme, pero tuve claro que eran mis últimos años. –¿Ha sido decisivo, entonces, su estado de salud? –He tenido que estar haciendo un esfuerzo físico tremendo, porque el proceso degenerativo que provoca mi enfermedad ha seguido avanzando y, llegado este momento, cabían dos opciones: o tú continúas para desarrollar los cambios que el congreso está previsto que apruebe o damos paso a un nuevo equipo y yo, por otras razones, incluida mi salud, tenía claro que en la UGT-A lo mejor para afiliados y trabajadores era que hubiese un nuevo equipo y un nuevo secretario general. No hay otras razones. Son puramente internas y en el contexto de la coyuntura económica. –Si venía de largo la decisión, ¿cómo la anuncia en este momento preciso? —Lo hemos hecho justo después del congreso estatal para que el debate de Andalucía no interfiriera. Mis compañeros sabían desde hace seis o siete meses que estaba trabajando para que mi salida del sindicato después de tantos años no supusiera conflicto o desequilibrio. La UGT tiene que estar en situación de atender los problemas de la gente, no se puede permitir otras historias. —Lo ha dejado bien atado. —Lo que he hecho ha sido impulsar que la gente llegue a un acuerdo sobre la persona más idónea para ser secretario general del sindicato, y ahora están fraguando un acuerdo sobre el equipo. En el sindicato, por su cultura interna, no caben los personalismos, cualquier decisión que se adopta lo hace la dirección al completo de manera colegiada. Aquí no cabe la designación de delfines ni de herederos. Mi papel es el de posibilitar que el congreso se desarrolle con absoluta normalidad, pero sin más decisiones ni designaciones. —¿Cómo participan las provincias en ese proceso previo? —Ahora los que tienen competencias son los secretarios generales de cada provincia y las federaciones. Participan en la toma de decisión de quién es el mejor candidato y en los debates de la composición del nuevo equipo, y luego es el congreso el que decide. A veces se da la circunstancia de que los secretarios generales tomamos una decisión y a la hora de votar en el congreso la decisión se resiente. Por lo general no suele ser así. Hay planteado un acuerdo unánime ante que Paco Fernández Sevilla sea el secretario general. —¿Ve posible usted una segunda candidatura? —Siempre es posible. Si llevan cuatro años mínimos afiliados y tienen el 25% de los delegados, que van a ser 300. Puede haberla, pero no es previsible, a no ser que suceda una cosa extraña. —Continuismo, entonces. —No sé por qué se habla de continuismo, probablemente porque no hay una ruptura y porque el candidato forme parte del equipo. En los 125 años de historia de la UGT ningún equipo ha supuesto continuismo, nunca ha sido así y nunca será. Cada uno tiene su impronta y en este caso, además, están obligados a actuar de forma distinta y a reorganizar el sindicato, porque todas las propuestas que van al congreso implican cambios tanto en la acción externa como en su funcionamiento interno. —¿Habrá cambios drásticos después del congreso? —Hace falta otro sindicato con otro tipo de funcionamiento. Si Paco y su equipo resultan elegidos tendrán que abordar las reformas que se aprueben y su labor no será continuista, sino la que le marque el congreso. Pero hay cosas en las que ninguna organización da un salto al vacío. Por ejemplo, nuestro servicios jurídicos funcionan muy bien, no creo que vayan a cambiarlo para estropearlo (risas) o, por ejemplo, nuestra forma de control del gasto económico. Eso ha funcionado muy bien estos quince años. —¿Y cómo se explica la última acusación de despilfarro? —Se utilizan datos económicos que nosotros no hemos ocultado. Por motivos del ERE los presentamos hace cuatro meses en el juzgado y los pusimos a disposición de los afectados por el ERE. Parten de datos reales, que tienen sus explicaciones, pero si lo sacas de ese contexto lo conviertes en un ejemplo de despilfarro. Hay una intencionalidad política absolutamente clara, una estrategia perfectamente diseñada desde el ámbito político del PP, que desde los distintos gobiernos que tiene está intentando acabar con la capacidad operativa de los sindicatos, a base de recortes económicos y, sobre todo,de pasar totalmente de negociar los asuntos que la Constitución les obliga a sentarnos a negociar. Eso va acompañado de una campaña permanente, y no es teoría conspirativa, de determinados medios en los que hay un atrincheramiento ideológico de la derecha más facistoide de este país, que se dedica sistemáticamente a generar el descrédito de las dos organizaciones sindicales y sus responsables. —¿No cree que el ataque pueda venir de dentro? —No, no, el ataque viene de fuera. Los extrabajadores de la UGT no son los que han hecho un uso intencionado político de los datos que con motivo del ERE hemos puesto en sus manos. Ellos no han compuesto las páginas ni las portadas del “ABC”. Ni han dicho que la UGT tiene un coto de caza, que ya es decir… No viene de dentro. Claramente es una estrategia de debilitamiento, con una falta de ética profesional de tres pares de narices porque, hasta donde yo sé, contrastar entra dentro de la ortodoxia profesional y jamás, jamás, se ha dirigido a nosotros ese periódico para preguntarnos. —Quienes lo defienden subrayan su carácter austero. —Una de mis obsesiones es que los recursos del sindicato hay que utilizarlos con el máximo rigor. Sí, soy una persona muy austera, no digo que la más del mundo, pero nadie puede decir de mí que yo vaya derrochando por ahí los recursos. Yo vivo con modestia, por cultura personal, porque entiendo así la vida. Y en el sindicato en estos quince años hemos hecho una gestión económica muy positiva. —¿Qué hacía el secretario general de la UGT en Durban haciendo un pago de ochocientos euros con la tarjeta del sindicato? —Yo asisto a un congreso con una delegación de diecinueve personas, de la internacional mundial de servicios públicos y en medio de un debate precisamente a nivel mundial sobre eliminación de servicios públicos, vía privatización o vía recortes, y en un momento en el que nos estamos reorganizando para combatir en Europa sobre este asunto. En ese congreso, una noche nos reunimos con la candidata a nivel mundial de la Federación de Servicios Públicos a la que apoyamos todos los países del sur de Europa, África, Sudamérica y Asia frente al secretario, que hasta ahora ha sido un noruego, y nos estuvo explicando en esa cena, en la que estuvimos 24 personas, lo que iba a hacer si salía elegida. Esa noche decidí pagar yo, porque en otras ocasiones pagaron compañeros de Madrid o Cataluña… Es lo normal, se comparten los gastos entre los que vamos. Una cena de 24 personas y 800 euros se convierte en un ejemplo del derroche que el secretario general hace de los recursos de la UGT. ¿Qué quiere que le diga? No merece la pena decir más. —¿Ha dañado Juan Lanzas a la imagen de la UGT a pesar de estar fuera del sindicato desde 2002? —Hemos hecho hasta requerimientos por escrito a medios de comunicación para que no lo vinculen con nosotros, hay intencionalidad clara de intentar ligar la actuación de esta persona en relación con los ERE con la UGT. En la línea de aprovechar cualquier coyuntura posible para generar el descrédito del sindicato. ¿Cuántos años hacen falta para que las actuaciones de alguien después de irse de la UGT no sean relacionadas con el sindicato. ¿Diez, doce, veinte? Lo que intentan es achicharrar las siglas de la UGT. —¿Cómo han actuado? —Nosotros en la UGT lo hemos tenido muy claro desde el principio en el tema este de los ERE, el que la haya hecho que la pague, desde el primero hasta el último. El sindicato no ha mandado nunca a nadie a que cometa ningún delito y lo hemos demostrado, no lo hemos dicho de boquilla. A la persona que hemos encontrado que haya tenido algún tipo de relación con ese asunto hemos actuado sin ningún tipo de tapujo, hemos hecho lo que nos correspondía legalmente: expulsión del sindicato, despidos laborales y poner la información en manos de la Justicia. No nos hemos dedicado a meter intrusos, como se quiere hacer creer. Hay un problema en la realidad que se vende a través de determinados medios de comunicación, salvo honrosísimas excepciones, que no responden a las reglas del periodismo. —¿Qué opina del descrédito de instituciones, de la clase política o de los sindicatos? —Creo que una de las subcrisis de la crisis es que se pretende poner en cuestión nuestro sistema democrático y constitucional y hay quien abandera cada día la siembra de una corrupción generalizada. En este país no hay corrupción generalizada. El problema de fondo es que hay una Justicia muy lenta y con muy pocas competencias para delimitar en un plazo razonable las responsabilidades. Hay que meterle mano. No se puede tardar veinte años en la instrucción de un caso para que otros seis o siete años después un juzgado dictamine si había responsabilidades y mientras tanto, a los que la democracia no les va, abonando la idea de que el sistema es corrupto. —¿Considera que existe, entonces, un linchamiento mediático hacia el sistema en general? —Con todos mis respetos, hay grandes profesionales en muchos medios, pero hay un problema también a la hora de abordar la información por determinados medios, y el modelo de la información espectáculo. En la Edad Media se linchaba a las personas con verduras y zapatos viejos, hoy el linchamiento en la plaza pública es en las tertulias televisivas, radiofónicas o en columnas de medios escritos que rayan la inmoralidad. Se produce un auténtico linchamiento que genera una crisis de credibilidad. —¿Por qué  hay que salir la calle en días como el Primero de Mayo? —Ningún trabajador puede quedarse en su casa el Primero de Mayo. La política económica del Gobierno, que ya comenzó con Zapatero, viene impuesta claramente por los intereses alemanes y va a terminar por meternos en un pozo tal de desempleo y pobreza que vamos a tardar décadas en salir de eso. El que piense que no le va a afectar está absolutamente equivocado y para cambiar eso tenemos que salir a la calle y dar ejemplo. —Ahora se retrasa la creación de empleo al menos hasta 2014. —Hasta el FMI pide que se cambie la política porque solo responde a que los países del sur de Europa devuelvan el dinero a los alemanes. Si no salimos a la calle y permitimos que esto siga así, incrementando por cientos de miles las cifras del paro en los próximos años, vamos hacia el modelo asiático de neoesclavismo liberal, nadie puede tener duda de eso. El sistema de pensiones de este país está tocado de muerte. Si el Gobierno pone en marcha los mecanismos que quiere poner, no habrá nadie a corto plazo que tenga una pensión digna para vivir. Lo mismo sucede con la Sanidad y otros servicios públicos, porque el modelo exigido por los neoliberales obliga a convertir cada necesidad que tenga cada persona en una fuente de negocio. —¿Y ahora qué? ¿Volverá a su puesto en la Diputación de Jaén? —Estoy obsesionado con volver a mi casa (de Jaén) cuanto antes. Mi mujer, María, y yo queríamos venir en junio, pero tendré que estar unos meses aún controlando la enfermedad. Soy trabajador de la Diputación y siempre he tenido previsto incorporarme pero no sé si mi salud me lo permitirá.

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