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La acusación ve "monstruoso" que el juez grabase sus conversaciones

Pide la condena y que se delimite con claridad "qué se puede hacer y qué no en una investigación"

el 19 ene 2012 / 16:51 h.

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“Monstruoso”, “infamante”, “injusto”, “barbaridad” “inconstitucional”… Los abogados que acusan al juez Baltasar Garzón no se han ahorrado descalificaciones al presentar al acusado como un juez prevaricador y violador sistemático de todos los derechos constitucionales, “una suerte de Gran Hermano que todo lo escucha y todo lo ve”. Eso sí, siempre entre cantos al compañerismo y siempre lamentando la “ingrata tarea” y el “gran malestar” que les produce tener que acusar a un compañero como Garzón, con el compartieron tantas tareas en la Audiencia Nacional. Pero como hoy visten la toga que visten, pues no tiene más remedio que evitar que se violen sus derechos constitucionales.

Esa fue la tónica de los informes del exfiscal Ignacio Peláez y el exjuez José Antonio Choclán, excompañeros de Garzón, que se tiraron a degüello contra el acusado entre lamentaciones sobre su propia suerte.El acusador Peláez hizo una extensa disertación victimista sobre la violación de sus derechos como abogado, señalando que, si presentó “en soledad” y “sin que nadie le acompañase” la querella contra Garzón, fue porque se violaron sus derechos básicos en el ejercicio de la abogacía. Peláez negó que con la querella buscase la nulidad del caso Gürtel o que represente los intereses del Partido Popular y criticó al Colegio de Abogado por no querellarse junto a él “en defensa del ejercicio de la profesión de la abogacía”.

Tras reafirmar que no siente ningún deseo de que se condene a Garzón “de forma represiva”, Peláez se presentó como un ciudadano de a pie “nacido en Zamora, que quiere vivir en un Estado de derecho y ejercer en libertad su trabajo para ganarse la vida”. Por eso defiende el derecho a hablar de forma confidencial con su defendido y no tener que escribir un folio para que su defendido lo lea a través de un cristal, “como si estuviéramos en un Estado policial”.

El acusador sostuvo que no necesitaba permiso para entrevistarse con los dirigentes de la trama Gürtel, Correa y Crespo, en la prisión de Soto del Real (Madrid), porque estaba allí como abogado “expresamente llamado” y consideró “lamentable” y “ridículo” que la Fiscalía no expurgase una conversación mantenida por él en la cárcel, con la se querría dar a entender que fue elegido como abogado para hacer tráfico de influencias en la Audiencia Nacional.

Entrando por fin en los hechos, Peláez calificó el auto de Garzón ordenando las escuchas de “doloso”, “burdo”, “claramente prevaricador y contrario a derecho” y “limitador de derechos fundamentales”. "Me da exactamente igual quién tomó la iniciativa, si fue la fiscal nerviosa o la policía. El único que tiene capacidad para limitar derechos es el juez. No hay duda sobre el autor”.

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