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La alternativa, a subasta

La política de oposición o el arte de crear problemas donde no los hay y en los momentos más inoportunos". Le regalo el título para un tesis doctoral al investigador que quiera trabajarse el papel del PP en Andalucía. Se trata, claro está, del sospechoso asunto de las subastas de los excedentes de Tesorería que la Consejería de Economía y Hacienda viene practicando...

el 15 sep 2009 / 19:48 h.

La política de oposición o el arte de crear problemas donde no los hay y en los momentos más inoportunos". Le regalo el título para un tesis doctoral al investigador que quiera trabajarse el papel del PP en Andalucía. Se trata, claro está, del sospechoso asunto de las subastas de los excedentes de Tesorería que la Consejería de Economía y Hacienda viene practicando hace años y que ha sido, por otro lado, práctica habitual en todas las administraciones, incluidas las gobernadas por el PP.

Como es un asunto capital, de desbordante interés ciudadano, mejor aclararlo. Pese a lo que pudiera parecer no estamos ante una Junta avara que esconde miles de millones de euros en un cajón en vez de invertirlos para frenar la crisis, como sugirió el PP al principio del Subastagate. No. Para entendernos, se trata de un remanente de tesorería -una especie de fondo de maniobra- que tienen todas las administraciones procedente de los cobros y que se dispone para hacer frente a los pagos.

Como los periodos de ingresos y de salidas ni son homogéneos ni coincidentes, las administraciones subastan esas cantidades entre los bancos y cajas de ahorros con el objeto de que las dos semanas, los 20 días o el mes y pico que tardan en gastarlo, les rente y produzca un dinero extra que se destina a inversiones públicas. A la vez, las cajas y los bancos adquieren una liquidez estupenda, un dinero depositado temporalmente que, con la que está cayendo, se convierte en oro líquido. La verdad es que no es díficil de entender, aunque es lógico que no sea una materia que se preste a la curiosidad popular.

Son puras mecánicas administrativas, comunes y normalizadas y que a todos beneficia. Pero Javier Arenas decidió hace un mes que el asunto era merecedor de montar un follón. Y se puso manos a la obra: primero, denunciando esa especie de tesorería oculta de la Junta y después reclamando que en vez de subastar la liquidez entre las cajas y los bancos la depositaran en el Banco de España, porque, supuestamente, sería más beneficioso para el común de los españoles.

Arenas ha logrado su objetivo. El asunto, que no tiene nada de irregular ni de escandoloso, que a nadie preocupaba y que a todos convenía, se ha convertido en carne de titular. Aunque también se ha llevado una reprimenda de 17 bancos y cajas que lanzaron un comunicado para contradecir sus propuestas y pedir a la Junta que mantuviera las subastas. Y se ha producido, por añadidura, una reacción de las cajas andaluzas pidiéndole a Griñán que no le haga caso, que no lo escuche y siga subastando el dinero de la manera habitual.

Pero Griñán sí le había hecho caso -aún no entiendo por qué: también le piden que dimita y no se marcha, como es lógico- y la última subasta la dejo desierta e ingresó el dinero, 1.800 millones de euros, en el Banco de España. Misión cumplida. El Banco de España habrá puesto en circulación el dinero de los andaluces beneficiando a otras entidades como la Kutxa vasca, la asturiana Cajastur o la Caja de Castilla-La Mancha (por poner ejemplos posibles), que estarán frotándose las manos gracias a la perspicacia del PP andaluz.

No satisfechos con el follón inicial, ya han comenzado la segunda entrega, a la espera de que llegue el séptimo de caballería mediático con el fuego de acompañamiento: la supuesta presión de la Consejería de Economía a las cajas y el papel de las propias cajas en el "régimen" andaluz. Ya se anuncia este folletín para la nueva temporada post navideña y se vaticina éxito de crítica.

Ya lo dijo alguien: la política es la transformación del paisaje. Y otro añadió que en realidad era "el arte de lo posible". Pues Arenas, insistimos, considera que la política también pude ser la habilidad innata para crear problemas donde no los hay, que es algo que como todo el mundo sabe demandan mucho los ciudadanos: que los políticos se dediquen a alterar el normal funcionamiento de las cosas. Esta situación entronca con la reflexión de fondo sobre el papel que está desempeñando Javier Arenas desde su retorno al PP andaluz como titular oficial, ya sin mando a distancia.

No tengo claro si el PP puede ganar las próximas elecciones autonómicas, pero sobre el papel y viendo el recorte de distancias -aunque el análisis permite otras interpretaciones si se compara con los resultados de hace ocho años, sin un 11-M de por medio- dentro de tres años tendría una coyuntura propicia. La crisis perjudicará electoralmente a quien gobierna, que tendrá que pagar los platos rotos.

Pero lo lógico es que los ciudadanos busquen puertos de refugio, partidos y personas que generen confianza. ¿Confiarán los ciudadanos como alternativa al PSOE en un líder que se dedica a reventar los plenos del Parlamento con tácticas neogordillistas y negando su propia esencia¿ ¿en un líder que crea problemas donde nos los había jugando a la contra del sistema financiero andaluz con irresponsabilidad manifiesta y que ha vuelto a recuperar el cuanto peor, mejor, como único instrumento político? ¿un referente del centro derecha que emula a Robin Hood al grito de quitarle el dinero a los bancos para dárselo a los pobres? ¿un candidato que acaba de cometer la excentricidad de pedir elecciones anticipadas ocho meses después de que el PSOE revalidara su mayoría absoluta es la persona a la que los andaluces pueden confiar su voto para que les resuelva sus problemas?

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