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La alternativa al centro de trabajo está en San Julián

Multitud de profesionales comparten un mismo espacio de 600 metros cuadrados

el 11 nov 2012 / 21:45 h.

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Un frutero de Sevilla Este ha repartido millones en el barrio.

Natalia aprende mucho cada día. Incluso cuando aguarda los minutos de cocción del pan o de "las pastas frescas". "Todo el mundo pasa por la cocina, que si estoy construyendo un puente, que si traduciendo un libro... Estás todo el rato conociendo cosas nuevas". Así de entusiasta se muestra esta joven con su jornada laboral. Ella y Juan se encargan del obrador de pasta que hay en una nave diáfana del Pasaje Mallol. No están solos. Comparten sede con otras muchas actividades profesionales, entre las que destacan la arquitectura, la encuadernación o el diseño gráfico, entre otras.

Es Tramallol, "un espacio de trabajo compartido entre profesionales independientes relacionados con el mundo de la Cultura" que, desde hace dos años, suponen una alternativa "solidaria" al actual modelo laboral dominado por la ley de la oferta y la demanda. Aquí todos comparten una misma filosofía, pese a que tengan poco en común: "Proponemos otra forma de entender las relaciones entre las personas, creando apoyo mutuo y redes de solidaridad contra la gran estafa actual que estamos viviendo en cuanto a pérdidas de derechos y precarización laboral", explica Santiago Barber, uno de los socios fundadores de este singular vivero de empresas que florece en el barrio de San Julián, próximo al viejo corralón de artesanos que aún resiste en la plaza del Pelícano.

Frente a los rascacielos empresariales de las grandes ciudades, en esta nave de poco más de 600 metros cuadrados conviven numerosas iniciativas profesionales, "interconectadas entre sí" en las que es posible realizar compras en puma (moneda acuñada en el Pumarejo que ya se ha extendido a comercios del Centro) y en euros, aunque tampoco faltan los trueques de productos si fuera necesario. Pero no sólo se vive de la economía interna. Estos negocios también están abiertos para el público en general: "Resulta muy entrañable ver a la vecina golpeando la puerta para comprar pan", detalla Natalia, quien califica la experiencia de "muy gratificante".

Las actividades de esta cooperativa de iniciativas profesionales son de lo más diversas. Desde un concierto de campanas de sol a sol, una reunión de la red de decrecimiento, el diseño de un puerto, cursos de cocina, tres días de música local, clases de libros cosidos a la española, una cena secreta, un concurso de arquitectura o la filosofía del quinto pino... "Es un lugar para actividades híbridas, para fomentar las tareas de cada cual desde el apoyo mutuo levantando un lugar a la medida de nuestras necesidades y a la altura de nuestros deseos", reconocen sus promotores.

Y es que todo es posible en este centro de trabajo. Si no que se lo digan a los arquitectos que tienen allí sus estudios. Bernardo, Mariana, Darío o Javier se han unido para crear Casi Arquitectas, un proyecto común con fines sociales. Justo al lado, Pablo Montaño encuaderna un libro, mientras de fondo resuena el taconeo de un tablao flamenco. "Son disciplinas muy distintas, pero nos une el deseo de crear unos espacios de trabajo donde primen la solidaridad, la confianza, la autorregulación de nuestros propios modelos laborales. En definitiva, una ética de compartir los recursos para hacer frente a las dificultades que podemos encontrar en nuestros medios habituales", indica Barber.

 

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