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La ambigua Alameda

La Alameda de Hércules fue durante mucho tiempo lo mismo que decía Rafael Cansinos que había sido la copla andaluza, que parecía tan fácil y asequible, que cualquiera, sentimentalizado por el vino o por una pena vulgar, la convertía en algo chabacano y plebeyo.

el 15 sep 2009 / 11:56 h.

La Alameda de Hércules fue durante mucho tiempo lo mismo que decía Rafael Cansinos que había sido la copla andaluza, que parecía tan fácil y asequible, que cualquiera, sentimentalizado por el vino o por una pena vulgar, la convertía en algo chabacano y plebeyo. Así rodó por los arroyos de los sábados, entre toda la basura que barre el viento de la madrugada. Sin embargo, esa Alameda, aparentemente fácil y asequible, se levantó como símbolo de la mejor Sevilla. Sus columnas fueron llevadas en 1574 desde la calle Mármoles, no de cualquier modo, sino en procesión cívica porque, en realidad, al hincarlas se estaba fundando la Nueva Roma.

En sus alrededores tuvieron casas los apellidos nobiliarios más altos, los Tello, Enríquez, Solís o Saavedra y allí cerca se movían los oficiales del Arte de la Seda, con prestigio suficiente para dejar su nombre en el acróstico de Malhara a la entrada de Felipe II. Puede que todo ello influyera en su caída cuando un siglo después la ciudad entraba en barrena y las grandes familias tomaban el camino de Cádiz, de Madrid o la vereda hacia la hacienda y el cortijo. El caso es que cayó y rodó por una empinada pendiente.

Todos la conocimos arrastrándose y todos saludamos que se pusieran manos a su restauración urbana y social. Muchos dudamos ahora de que aquello se haya hecho bien del todo, no sólo porque las obras no terminen nunca sino porque lo que hay y lo que aún ha de terminarse es ambiguo, no responde sino a la idea de un parque temático, algo así como el de la Ciencia de la Villette en París pero sin ciencia. Es verdad que la Alameda ya no rueda entre la basura de los arroyos de los sábados pero no estoy seguro de que el conjunto de lo que allí se ha hecho no siga siendo chabacano y plebeyo.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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