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«La autoridad, que no la represión, es insustituible en las aulas»

La presidenta de Cruz Roja Sevilla y ex secretaria de Estado de Asuntos Sociales acaba de publicar 'La escuela sin ley', un libro en el que analiza la desobediencia en clase, el acoso entre alumnos y el papel de los padres

el 15 sep 2009 / 22:10 h.

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Dice que escribe desde la "esperanza" y con el fin de mejorar desde el diagnóstico una situación complicada. Amalia Gómez acaba de publicar su radiografía sobre la educación española, en la que echa en falta autoridad, más ayuda de los padres y una "apuesta de Estado" para aparcar el partidismo.

La que fuera secretaria general de Asuntos Sociales en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales desde 1996 hasta 2000, Amalia Gómez, defiende la recuperación de la autoridad de los profesores, que "no la represión", en su obra La escuela sin ley (La esfera de los libros), una reflexión desde la realidad de la situación de muchos centros escolares en España. En una entrevista concedida a Europa Press, la autora precisó que ha tratado de analizar casos reales de incidentes, violencia, agresión o acoso, no sólo entre alumnos, sino también de alumnos hacia profesores.

Gómez, presidenta de la Cruz Roja en Sevilla, relaciona esa violencia escolar con otros dos fenómenos que afectan a la educación: el absentismo y el fracaso escolar. Expresó la necesidad de recuperar la autoridad, que "no la represión", ya que "la autoridad es la credibilidad que los profesores tienen que rescatar, que es el respeto recíproco de los alumnos, para que unos puedan impartir la clase y los otros recibirla". En definitiva, "hace falta recuperar y reforzar la autoridad del profesor y mejorar la coordinación y comunicación entre padres y profesores", subrayó.

Los alumnos tienen que comprender que "hacer las cosas y cumplir con su deber no es para recibir premios", afirmó, insistiendo en que los padres han de "acostumbrarse a reconocer lo que hacen sus hijos, pero no a conseguir el trabajo de sus hijos a base de premios y también a decir no".

En el libro, además, Gómez hace un recorrido por todas las medidas que se han tomado para erradicar estos problemas, como la creación del Observatorio para la Violencia Escolar o el informe "magnífico" del Defensor de Pueblo español, entre otros. Esos pasos han hecho que haya bajado la violencia de baja intensidad, según aseguró, pero se mantienen "los dos fenómenos más inquietantes en estos momentos", como son las palizas o vejaciones en el entorno de los colegios y la violencia mantenida, que es la violencia grabada en un móvil y colgada en internet o pasada por móviles entre escolares. "Es muy grave porque es una violencia mantenida y compartida entre agresores y compañeros de centro educativo de las víctimas", apuntó Gómez.

La autora, que fue diputada en el Parlamento andaluz, pone de manifiesto "la difícil situación del profesorado, que está resistiendo y haciendo funciones que no le corresponden", como por ejemplo funciones de apoyo personal, cuando "lo que hacen falta son psicólogos especializados en alteraciones de conductas y pedagogos, así como trabajadores sociales para realizar un trabajo conjunto de familia, colegio y lo que se llama departamento de orientación".

El origen de estos problemas "no está demasiado claro", pero entiende que en la escuela hubo un momento en que unas personas pensaron que la autoridad era represión y esto hizo que los chicos fueran perdiendo respeto al profesor porque se sentían reprimidos si se veían obligados a comportarse, a guardar silencio o atender. En casa, concluye, ha sucedido algo similar, pues se ha reproducido "una libertad sin responsabilidades, personal, excluyente", que nada tiene que ver con el "signo de madurez" que suponen los tiempos de libertad.

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