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Feria de Abril

La avaricia rompió el saco

Solo a partir de las siete de la tarde se pareció la Feria de Mayo a la de Abril, en un fenómeno que se lleva repitiendo toda la semana por las altas temperaturas (FOTOGALERÍA).

el 10 may 2014 / 22:19 h.

Ambiente de este sábado en la Feria. / Foto: José Luis Montero Ambiente de este sábado en la Feria. / Foto: José Luis Montero (FOTOGALERÍA. Ambiente de este sábado en el Real) Responderán que este año ha ido a la Feria un 12 por ciento más de gente. Se sacudirán la responsabilidad diciendo que aquí se ha hecho lo que han dicho los empresarios y comerciantes. Pero lo cierto es que la Feria del mediodía se la han cargado colocándola bajo la inclemencia de los 35 grados a la sombra, como se comprobó ayer a las tres de la tarde por el sencillo procedimiento de llevar encima un termómetro. Se ve que algún cargo de conciencia deben de tener ya cuando han anunciado que para el año que vienen le van a inventar a la Feria un día festivo por medio. Ahora solo les falta que todas las casetas tengan aire acondicionado. Aunque habría que ver entonces quién respira fuera, que es adonde irían a parar los chorros calentorros de los aparatos. Lo mismo se soluciona instalando vaporizadores en los farolillos, y con eso se acaba de paso con la necesidad de que el amable a la par que diligente señor de la manguera de disolver manifestaciones, en plena hora punta, le arroje a uno encima cuarto y mitad de tierra espurreada, para compensar eso de que ahora el albero no manche los zapatos. Se agradece el remojón, eso sí. Una bonita emulación de Isla Mágica. En vez de Los rápidos del Orinoco, serían Los rápidos de Gitanillo de Triana. Un aliciente más para el turismo, nuestro amo y señor. Orejeras blancas de ganchillo decoran las cabezas de algunos caballos en la Feria de Sevilla. / C.R. Orejeras blancas de ganchillo decoran las cabezas de algunos caballos en la Feria de Sevilla. / C.R. Que no va la gente, dicen. Demasiada gente había ayer, para lo que se podía respirar. Se han visto barbos fuera del agua desenvolverse con menos aspavientos que algunas excursiones de alemanes, ayer, recién llegadas vía apeadero de San Bernardo (donde se echó de menos por la tarde un poquito más de ambiente ferial, el clásico desembarco de los pueblos el sábado de Feria, que esta vez se notó menos). Pues eso, hablando de barbos: ayer se pudo comprobar que por mucho que muevan los abanicos cuatro personas en su interior, un landó no puede salir volando. Es físicamente imposible. Todo lo más, si hubiesen subido las ventanillas, el aire caliente del interior habría actuado según la tesis de los hermanos Montgolfier, dibujando una bonita escena en los cielos azules reventones de Sevilla. Había varios carruajes cerrados, con techo y portezuelas, rodando por los adoquines de las calles de los toreros. También había un coche cisterna de Lipasam tirado por dos mulas. Y ya que se cita a la mula: ¿alguien se ha fijado en la moda de colocar a nuestros hermanos cuadrúpedos que tiran de los carros esas orejeras blancas como de ganchillo? Si un caballo no habla después de esto, ya nunca lo hará. Como si les quieren encajar un búcaro en el entrecejo y unos bonitos platos de cerámica colgando en los costados. La cosa de la presencia equina deja de ser graciosa cuando sucede, como ayer, que un caballo muere y otro cae desvanecido por el calor. al menos, este último pudo recuperarse. Ambiente de este sábado en la Feria. / Foto: José Luis Montero Foto: José Luis Montero Y si se trata de caballos, qué emocionante ver que el ejemplar de cartón del retratista sigue en pie, más o menos lozano y sonriente, en la calle Pepe Luis Vázquez, después de tantísimos años y a pesar de todas esas maravillas tecnológicas que están mandando a la porra a los fotógrafos callejeros. Está claro que hay adultos con el suficiente sentido común como para llevar allí a sus hijos para regalarles no ya un retrato, sino un trocito precioso de la historia de Sevilla, aprovechando una oportunidad que seguramente no durará ya mucho más. Un dato: para hoy se anuncia en Soria una temperatura máxima de 19 grados y posibilidades de lluvia. Eso explica que ayer, las lonas blancas y verdes de la Casa de Soria junto a la portada estuviesen completamente corridas y echadas por encima de la barandilla mientras la flama le caía como a golpes de catapulta y el sol de la tarde golpeaba su toldo como un ariete en el asedio a un castillo. Todo muy épico. Es lo que tiene Soria. «¿Dónde está el show?», solicitaba un extranjero a las muchachas de la casetilla de información, que ayer se reían recordando las tonterías que algunos les preguntan. Difícil de responder: para admirar esa vieja costumbre de bailar sevillanas en medio de la calle, ahora hay que esperar por lo menos hasta las siete de la tarde. Si le vale al forastero, había un señor untándole crema antiincendios a su señora, con las tirantas bajadas, en la calle Pascual Márquez. Una pena que no estuviese cerca la orillita, porque como en la Feria ya no come nadie, no hay que hacer la digestión y se puede uno bañar. Fue lo más llamativo de la tarde de ayer: a la hora del almuerzo, las casetas vacías y los adoquines llenos de caballistas agasajados por camareros con jarras de rebujito y bandejas de cosas serranas. Está claro que el desnivel se acentúa entre feriantes alfa y feriantes beta. En general, la jornada de ayer se resume en el siguiente esquema: mucha gente paseando y en los cacharritos por la mañana –con los precios entre 3 y 3,5 euros–, hasta el punto de dar la sensación de que la Feria se iba a empetar a las dos de la tarde; luego, de sopetón, una desbandada general que dejó aquello medio muerto, solo con los caballistas y los socios del Mercantil (que esos van a su caseta así haya una erupción solar que le ponga a uno el pelo como a un palmero); a las cuatro de la tarde, segundo aluvión; y por fin, desde las siete en adelante, lleno espectacular. En varias casetas habían colocado los carteles anunciando los payasos para hoy a mediodía, y daba cosa pensar que la Feria se ha acabado sin un mediodía decente. Pero seguro que esto también se explica con un porcentaje propicio.

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