Economía

La balcanización de las cajas

El mapa financiero andaluz se resquebraja en un año que dijo adiós al objetivo de la gran caja

el 28 dic 2010 / 21:19 h.

2010 pasará a la historia de la economía regional como el año de la balcanización de las finanzas andaluzas. El Gobierno de José Antonio Griñán y el PSOE-A vieron frustrado su objetivo de crear una gran caja de ahorros con sede social en esta comunidad, ya que los números se impusieron a las pautas políticas y, además, estas entidades revelaron, quizás más que nunca, que son auténticos reinos de Taifa, que aspiran de mayor a ser independientes respecto a las consignas de partido y que, frente a éstas, se han impuestos dos jefes: por un lado, el mercado; por el otro, el Banco de España.

 

El año arrancó muy bien para la configuración del nuevo mapa financiero andaluz. Caja de Jaén y Unicaja amarraban los últimos flecos de un enlace matrimonial sin sobresaltos, Cajasol anunciaba que la alianza con Caja Guadalajara no se limitaría a una fusión fría, sino que protagonizaría la primera unión interterritorial (esto es, entre dos regiones diferentes), Cajasur y la entidad malagueña avanzaban a duras penas hacia una unión por mandato del supervisor y, por último, Caja Granada, ya con un nuevo presidente, Antonio Jara, se abría a la cooperación y admitía la necesidad de acometerla.

Sin embargo, entre los meses de abril y mayo todo saltó por los aires. Primero, la caja granadina se embarcaba en una alianza nacional a través de una fórmula jurídica, el Sistema Institucional de Protección (SIP) o fusión fría, que comenzaba a proliferar, y, de esta forma, decía adiós a una hipotética integración con el resto de las andaluzas, proclamando, una vez más, su autonomía a la hora de decidir su futuro.

Y segundo, el Cabildo de Córdoba, fundador de Cajasur, y Aspromonte, sindicato mayoritario en la entidad, sumaban sus votos para rechazar el matrimonio con Unicaja, y apenas unas horas después, el Banco de España, ya cansado de los reiterados desplantes de los curas, intervenía una caja al borde de la quiebra por sus excesos inmobiliarios y la ausencia de controles al conceder créditos a mansalva.

Griñán y los socialistas se quedaban con la boca abierta y Braulio Medel, presidente de Unicaja, fracasaba en su segundo intento por agregar a una entidad de gran tamaño -el primero fue con Caja Castilla-La Mancha (CCM)-, pese a que horas antes de expirar el ultimátum dado por el organismo supervisor para que la cordobesa aprobara la fusión, este directivo había acordado con los sindicatos CCOO y UGT el ajuste laboral, esgrimido como condición sine qua non por el Cabildo para dar su bendición al enlace.

No obstante, éste no se avino a razones y entregó la caja a la autoridad del FROB (el fondo de rescate bancario) y, por tanto, al Banco de España.

Un último intento. Con Caja Granada huida -y de nada valieron las reticencias iniciales de la Junta al SIP nacional ni las presiones del PSOE-A, pues los ni los propios socialistas granadinos aceptaban injerencia alguna- y Cajasur intervenida y sacada a subasta, José Antonio Griñán se mojó públicamente y pidió desde el Parlamento regional a los presidentes de Unicaja y Cajasol que unieran sus fuerzas para acudir a la puja y, así, sembrar la semilla de la gran caja. Mas ni siquiera consiguieron dar ese paso y presentaron ofertas separadas para hacerse con la entidad cordobesa, si bien decían tener el compromiso -no se detalló- para otorgar "participación en el proyecto" a la otra en el caso de que alguna se adjudicara aquélla, a la vez que estudiarían la viabilidad de una fusión. Eso, "estudiarían".

Mediado julio, el Banco de España adjudica Cajasur a la vasca BBK para sorpresa mayúscula de Unicaja, que era la gran favorita, y de la Junta, cuyos planes se ven otra vez desbaratados. Su estupor inicial, con críticas al supervisor, va dando paso a la resignación y, de nuevo, mete prisas a la unión entre la sevillana y la malagueña. Su última posibilidad. Pero todo se revelaría como un paripé dado que, aunque Cajasol y Unicaja encargaron informes a dos consultoras especializadas, ya sabían de antemano que la fusión era harto improbable al coincidir en mercados, con la duplicidad de oficinas y el exceso de empleados que eso conlleva, las diferentes escalas salariales, más alta en la sevillana, la polémicas territoriales entre Sevilla y Málaga, la petición de que la unión fuera entre iguales, denegada por la malagueña, y la total falta de sintonía entre sus presidentes, Braulio Medel y Antonio Pulido.

Ni siquiera salía adelante la posibilidad de ser desposados a través del Banco Europeo de Finanzas (BEF o banco de cajas), que actuaría de sociedad central de un hipotético SIP.

Y es que era más fuerte lo que las separaba que lo que las unía, aunque la Junta de Andalucía se aferraba a una idea que ya nadie creía y, no en vano, tanto Cajasol como Unicaja ya miraban a cajas de otras regiones.

Mientras, a finales de octubre el Banco de España apremia a Cajasol a acometer fusiones. Dicho y hecho. Fructifica la negociación que ya había entablado con el SIP Banca Cívica (Caja Navarra, Caja Canarias y Caja Burgos) y se suma bajo encomienda del supervisor y con Griñán con cara de póquer.

Después de tal decisión, la huida de Caja Granada al SIP Mare Nostrum (con Caja Murcia, Caixa Penedès y Sa Nostra) y Cajasur convertida en banco con sede social en Bilbao, el mapa financiero regional termina balcanizado y camino de la bancarización, es decir, cajas más parecidas a los bancos.

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