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La batalla del aceite usado

En bares y restaurantes se califica de «abuso» la nueva norma que les obliga a dar gratis su aceite usado a la empresa que eligió el Ayuntamiento, mientras que el alcalde afirma que negocia «soluciones» con los hosteleros

el 22 jul 2014 / 11:00 h.

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A1-1470453aa El conflicto por el nuevo modelo de gestión de los aceites usados de bares y restaurantes «traerá cola», «va para largo». Responsables y trabajadores de estos establecimientos aseguran que la batalla –ya judicial como publicó este periódico el pasado viernes– será larga y compleja porque se oponen a que el Ayuntamiento les obligue a entregar estos aceites totalmente gratis a una empresa seleccionada por Lipasam. Hasta ahora, ellos elegían la empresa que recogía su aceite y, a cambio, recibían contraprestaciones generalmente en especie: productos de limpieza o directamente la limpieza de freidoras, campanas, extractores...

El Gobierno local considera que los aceites usados de la hostelería son residuos cuya gestión es municipal, mientras que los empresarios del sector defienden que son un subproducto animal propiedad del empresario. La discusión legal ya está servida. Los tribunales tendrán que decidir. «Han venido personas de Lipasam a informarnos y, de paso, a avisarnos de que nos multarán si no le damos el aceite a Biouniversal. Nos dejaron aquí sus biombos, pero no los han recogido aún. Esto es un abuso, no nos pueden obligar», comenta Javier desde el bar El Sardinero. «¿Cuál será el siguiente paso? ¿Obligarnos a pagar por la retirada del aceite? Es un producto nuestro y, dentro de la normativa, podemos hacer con él lo que queramos», comentan él y Ali tras la barra. Su establecimiento tiene un contrato con Rograsa, mientras que Casa Pulido trabaja con Reciclados Al-Andalus. «Es una empresa homologada por la Junta, actuamos dentro de la legalidad y, sin saber el motivo, el Ayuntamiento impone otra cosa», asegura un trabajador. «Hay –añade– un negocio potente, mucha competencia porque con lo del biodiésel el aceite ya es casi oro, así que ahora todo se lo llevará uno». Los aceites de La Pitarra los recoge desde hace cinco años Reeco y sus responsables aseguran que «nunca tuvieron ningún problema» «Nos parece muy mal lo que ha hecho el Ayuntamiento porque hay muchas empresas, muchas familias, que comen de esto y a nosotros nos viene muy bien que nos ayuden con la limpieza. Se cargaron la competencia para enriquecer a uno», apostilló uno de los camareros. La responsable de un restaurante sevillano que no quiso dar su nombre para «no tener problemas» con los inspectores sostiene que «hay mucho dinero detrás de todo esto» y que tampoco le consta que hubiera en la ciudad «problemas ni ambientales ni de salud pública». «Eso sí –apostilló– ahora el biodiésel es un buen negocio». Esta empresaria incluso indicó que le consta que grandes cadenas como Burger King o McDonal’s también van a demandar al Ayuntamiento por su nueva normativa que será aprobada en el próximo Pleno municipal, este viernes, si el PPno lo evita. Lipasam ya realizó el concurso y adjudicó a Biouniversal el servicio, pero prevé introducir un cambio en la ordenanza de Limpieza para recoger en ella esta obligatoriedad. Todos los establecimientos visitados por este periódico para elaborar este reportaje habían recibido la visita de empleados de Lipasam e información certificada sobre el nuevo cambio de gestión, e incluso algún bar donde no hay ni cocina, como el San Lorenzo. «Sin embargo, la normativa aún no está aprobada totalmente», denunció el dueño de un bar de Nervión que tampoco quiso dar su nombre. «Se están extralimitando», criticó. una ciudad más saludable. Mientras, el alcalde, Juan Ignacio Zoido, aseguró ayer que negocia con los hosteleros para «buscar soluciones» a la recogida del aceite de cocina usado. «Lo único a lo que quiero contribuir es a que Sevilla sea cada día más saludable». «Hay que quitar del ciclo de renovación y depuración del agua un elemento tan contaminante como es el aceite usado». «También abarataremos los costes de depuración de los residuos urbanos y así se podrá cobrar menos por los servicios que se prestan», dijo Zoido a los periodistas. El alcalde insistió en que «la única finalidad es quitar de la circulación un aceite que ha sido usado y que no conviene que esté dentro de los circuitos, pudiendo introducirse en el consumo de alguna forma o que vaya a parar a una red en la que luego cueste mucho trabajo y dinero depurar el agua». Los hosteleros defienden que los aceites no se tiran por el fregadero, que cumplen la legislación y que así lo demuestran las inspecciones. La Asociación Nacional de Gestores de Residuos de Aceites y Grasas comestibles (Geregras) aporta cifras: en Sevilla se generan 6.000 toneladas de aceite usado al año; el negocio mueve 4,5 millones de euros y, dos de ellos, los reciben los hosteleros. En la ciudad operan entre 25 y 30 pymes con entre 250 y 300 trabajadores, «cuyos empleos corren ahora peligro», según advirtió Miguel Ángel García, presidente de Geregras.

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