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La bici de la playa

La implantación del carril bici ha tenido el efecto de añadir uno nuevo a la lista de buenos deseos, de cosas pendientes, de promesas que nos hacemos de vez en cuando para mejorar nuestra vida. Está en todas las conversaciones.

el 14 sep 2009 / 21:12 h.

La implantación del carril bici ha tenido el efecto de añadir uno nuevo a la lista de buenos deseos, de cosas pendientes, de promesas que nos hacemos de vez en cuando para mejorar nuestra vida. Está en todas las conversaciones. Las gentes hablamos de los problemas de la ciudad y, en algún momento, sale a la luz el famoso carril. Tras ponerlo a caldo, lo que es de rigor, siempre acabamos reconociendo que la idea no es mala. Y que todos pensamos en usarlo -muchos más son los que lo piensan que los que lo hacen-. Para ello, decimos, nos traeremos la bici de la playa; algún día; un fin de semana que haga bueno.

La bici de la playa se ha convertido en la excusa ideal para retrasar sine die apuntarse al invento. Y yo me pregunto: ¿Tan cara es una bicicleta? ¿No las hay de todos los precios, para todos los bolsillos? ¿No las alquilan? ¿Está prohibido por Tráfico tener más de una bicicleta? ¿Hay racionamiento de vehículos de dos ruedas de tracción humana? Seamos sinceros: nos da una pereza tremenda, o no nos atrevemos, o nos pilla mayores. Algún día, fíjense lo que les digo, todos tendremos una bicicleta en la playa, y otra en nuestra vivienda habitual, para usarla en el famoso carril bici. Entonces no habrá más excusas.

Miguel Rodríguez-Piñero Royo es catedrático de Derecho del Trabajo

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