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La Bienal

La Bienal de Flamenco vuelve con las golondrinas, aunque cada dos años. Éstas sin embargo llegan a su hora pero nadie ha sido capaz aun de conseguir cerrar su programación en invierno, cuando lo que tiene valor turístico comienza a lanzarse.

el 15 sep 2009 / 02:18 h.

La Bienal de Flamenco vuelve con las golondrinas, aunque cada dos años. Éstas sin embargo llegan a su hora pero nadie ha sido capaz aun de conseguir cerrar su programación en invierno, cuando lo que tiene valor turístico comienza a lanzarse. Sigue viva la contradicción que desde siempre traspasó a este arte y evidencia la debilidad empresarial del sector; es como el camino de los pelegrinitos a Roma: primitivo. Si antes dependía de los potentados, ahora depende -salvo excepciones- de las administraciones públicas. Lo mismo le sucedía hace siglos a las bellas artes, la ópera, los toros y otras expresiones que, poco a poco, se fueron liberando del lastre.

Ya sabemos que el flamenco es un rasgo de identidad; lo dice el Estatuto de Autonomía. Ahora la Bienal ha de ser como cualquier otro evento mundial: si cuesta 2.500.000 euros y suma 45.000 asientos, a 20 euros la localidad (una media alta), sólo salen 900.000. La ciudad ingresa con ella más de 7.000.000 pero eso no basta; necesita mecanismos que la proyecten, que hagan intervenir la iniciativa privada. ¿Por qué no tiene una discografía propia?, ¿qué espectáculos televisa?, ¿quién puede hoy visionar la siguiriya de Chocolate a Manuela, el concierto de Paco en el Maestranza? El problema actual de la Bienal de Sevilla no está en el número de espectáculos sino en que sea, o no, la temporada de conciertos? de Viena.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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