La Borriquita gana a la lluvia en Los Palacios

La Hermandad de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, San Juan de la Palma y Nuestra Señora de los Ángeles amaneció ayer convencida de que este año le tocaba a ella y no a la lluvia.

el 14 abr 2014 / 01:05 h.

La Borriquita durante su estación de penitencia. / Álvaro Romero La Borriquita durante su estación de penitencia. / Álvaro Romero La Hermandad de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, San Juan de la Palma y Nuestra Señora de los Ángeles amaneció ayer convencida de que este año le tocaba a ella y no a la lluvia. El año pasado, un aguacero traicionero hizo regresar a su cofradía en plena procesión cuando se disponía a entrar en el centro del pueblo. La fuerte lluvia le robó el protagonismo precisamente el primer año en que iba a hacer estación de penitencia en la parroquia a la que se acababa de adscribir, la del Sagrado Corazón de Jesús. Ayer pudo ser. La primera procesión de La Borriquita que llegaba a la iglesia de las Casas Baratas coincidía así con el 40º aniversario de la Hermandad. En estos 40 años, la evolución de la hermandad ha sido fascinante, no sólo por haber conseguido un paso precioso para el misterio de La Borriquita, con varias figuras hebreas propias de la Entrada en Jerusalén que hacen las delicias de los más pequeños, que integran mayoritariamente las filas de nazarenos, o por haber integrado en su cofradía el paso de la Virgen más joven del pueblo, la de Nuestra Señora de los Ángeles, a la que ayer tarde ponía música celestial la banda municipal Fernando Guerrero, sino por haber edificado su propia capilla en el barrio de La Almazara. La cruz de guía se puso en la calle a las 17.15 horas, guiñando su brillo de plata al sol que agradecía medio pueblo, expectante. Entre los nazarenos del paso del Cristo, se estrenaba una nueva bandera con el escudo de la Hermandad que dividía dos tramos. El paso de la Virgen estrenaba ciriales y pértiga, además de las bambalinas, sufragadas por un grupo de hermanos costaleros. El hermano mayor, Juan Manuel Salmerón, no cabía en sí de gozo: «Ya nos lo merecíamos, no hubiera sido justo un nuevo chaparrón. Se nota que la gente tiene ganas de Domingo de Ramos». Desde luego público no faltaba en la plaza de La Almazara, ni en torno al teatro municipal, ni por las calles del barrio antes de enfilar la calle Rafael Alberti que conducía a la cofradía, con 300 nazarenos, hacia la avenida de Sevilla para, una vez cruzada la antigua travesía, emprender su lucimiento por la Carrera Oficial. En la plaza de España, a las siete de la tarde, no cabía un alfile. El paso de misterio, conducido por Carlos Gutiérrez, marchaba al ritmo que le imprimía la agrupación musical Santa María la Blanca.

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