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La botellona se dispersa ahora por todas las barriadas del municipio

Las denuncias por la botellona por parte de las asociaciones de vecinos son continuas, pero en los últimos meses las que más están padeciendo el problema son áreas residenciales hasta ahora tranquilas.

el 14 sep 2009 / 20:16 h.

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Dos Hermanas, como gran ciudad con mucho terreno, tiene sus problemas repartidos por el territorio. Las denuncias por la botellona por parte de las asociaciones de vecinos son continuas, pero en los últimos meses las que más están padeciendo el problema son áreas residenciales hasta ahora tranquilas.

Jóvenes de escaso presupuesto para desplazarse deciden montar sus fiestas de alcohol en la calle en sus barrios con los correspondientes problemas de ruido y basura para los residentes de urbanizaciones en las que hasta ahora sus habitantes disfrutaban de la más absoluta tranquilidad, como es el caso de Las Portadas, La Motilla o Montequinto.

Los casos más flagrantes los padecen actualmente los vecinos de la Isla de Elba, en Montequinto, y los de las dos plazas de Las Portadas, en el sur de la ciudad.

En esta última urbanización, la movida no empieza de noche, sino desde las 18.00 horas y termina bien entrada la madrugada, incluso los días entre semana. El presidente de la asociación de vecinos de este barrio, José Muñoz, comenta que los sitios más frecuentes son las plazas Rubén Darío y Salís Girón: "Esos jóvenes están destrozando los ladrillos de las plazas y el mobiliario urbano".

Se trata de una molestia diaria que "gente trabajadora tiene que soportar, para luego levantarse temprano", sin que el Ayuntamiento de Dos Hermanas haya puesto mucho empeño hasta ahora en controlar el problema pese a que por ley está prohibido beber en la calle. De hecho, al tratarse de barrios alejados del casco urbano principal se ven condenados sin remedio a padecer este problema sin que las continuas llamadas a la Policía Local sirvan para mucho.

No está muy de acuerdo Jairo Vázquez, un asiduo a quedar con sus amigos y que comenta: "Protestan por todo, nos dijeron que nos fuéramos del parque infantil y nos fuimos; luego que nos fuéramos de otra plaza, y lo hicimos; y ahora, que estamos aquí, en Rubén Darío, también se enfadan, ¿no podemos hacer nada?". Este joven insiste en que los que se concentran allí son gente "currante", que gana muy poco y no puede coger un coche y gastarse cuatro euros por cada cubata en los bares del casco urbano principal. Reconoce que hay algunos, "los menos", que a veces "se pasan un poco", aunque la mayoría es gente "que gana sus 400 ó 600 euros y quiere pasar un rato con sus amigos tras trabajar".

Sin embargo, los vecinos son testigos incluso de algunos trapicheos con droga y, cuando, en contadas ocasiones, aparece la Policía Nacional, los jóvenes se esfuman, para volver luego y seguir armando ruido.

El caso de la Isla de Elba no es mejor. Los vecinos admiten que la Policía Local ha pasado alguna vez y ha puesto multas de 300 euros, pero a la vista de los resultados no ha solucionado gran cosa, pues la botellona sigue apareciendo días después.

Javier Florindo, presidente de la Asociación de Vecinos de Condequinto, comenta que la afluencia en su barrio ha disminuido con reciente frío, aunque en la Avenida Historiador Juan Manzano suele haber siempre gente de "juerga". Condequinto además, tiene una residencia de estudiantes en su urbanización, lo que agrava el problema.

Lo más curioso es que este desplazamiento no ha terminado con el tradicional lugar de botellona en la ciudad, en la céntrica Avenida Miguel Fleta y la plaza que está al lado de los juzgados, pese a estar prohibido.

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