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La buena educación como solución

La formación es una prioridad, dependemos de nuestros jóvenes", estas frases están en el discurso de cualquier partido político. Diríamos, por lo tanto, que un pacto por la educación sería posible y beneficiaría a la comunidad. Muy al contrario, la enseñanza en España es elemento de confrontación política.

el 15 sep 2009 / 17:46 h.

La formación es una prioridad, dependemos de nuestros jóvenes", estas frases están en el discurso de cualquier partido político. Diríamos, por lo tanto, que un pacto por la educación sería posible y beneficiaría a la comunidad. Muy al contrario, la enseñanza en España es elemento de confrontación política. El derecho universal reconocido por la Constitución colisiona con un sistema en el que conviven centros concertados y públicos, porque estos últimos cargan con los déficit y complicaciones sociales mientras que los primeros ganan en prestigio, al verse liberados de esas trabas. Tanto es así que los padres, "dando ejemplo", llegan a engañar y falsificar para conseguir plazas semiprivadas. Si además una decisión judicial permite a las familias saltarse los turnos de acceso por su "derecho a elegir" la educación para sus hijos, la discriminación, en medios y contenidos, está servida.

Y es grave porque en España muchas leyes sociales han cambiado las cosas por arriba, pero les falta el cimiento que las convertirá en derechos sin retroceso. Es el caso del matrimonio gay o el del derecho a la igualdad de la mujer y el de la lucha contra la violencia de género. En esas leyes aparece como fundamental la educación, pero el esfuerzo en ese sentido no se percibe. Las medidas a medio plazo son menos rentables, requieren paciencia para recoger los frutos y, para colmo, son combatidas con campañas de objeción.

Para educadores, alumnos y padres hay una nueva realidad, nuevos valores, nuevas familias y es imprescindible exigir que el espíritu de las leyes esté en la educación en su conjunto. Si es necesario hay que dar a la comunidad educativa apoyo y formación, tanto en la escuela pública como en la que se paga con dinero público.

Uno de cada diez condenados en España es menor, y la mitad tiene menos de 16 años. Los niños y niñas de hoy serán hombres y mujeres casi sin darnos cuenta. Dado que las acciones policiales y judiciales no bastan para acabar con los asesinatos de mujeres y ni con el aumentando la delincuencia adolescente, ¿es hora de apostar por la educación?.

Periodista

opinion@correoandalucia.es

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