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Jóvenes al día

La buena gente del Polígono Sur

José y Laura son dos piezas de una cadena de ayuda que se articuló cuando una vecina enferma de cáncer necesitaba ayuda para mejorar su calidad y condiciones de vida.

el 03 abr 2014 / 23:59 h.

No dudé en ayudar cuando supe que una vecina necesitaba ayuda», son las palabras de José González, un vecino del Polígono Sur. Hace unos meses tuvo constancia que Concha, una vecina del barrio, atravesaba un momento difícil. Días antes le acababan de comunicar que tenía cáncer de mama y la tenían que operar. «Todo ocurrió muy rápido», comenta Concha refiriéndose a su enfermedad, «mis vecinos vinieron a verme al hospital y se ofrecieron a ayudarme». José González y Laura Doval, dos de los vecinos que han ayudado en esta cadena en el Polígono Sur de Sevilla. / Foto: Pepo Herrera José González y Laura Doval, dos de los vecinos que han ayudado en esta cadena en el Polígono Sur de Sevilla. / Foto: Pepo Herrera Concha vivía una situación difícil desde hacía años. Sin trabajo, con una realidad personal complicada y con una casa en situación de ruina, así fue como sus vecinos la encontraron. Debido a su actitud reservada, sus vecinos desconocían el estado de su vivienda, pero cuando estuvieron al tanto, no dudaron poner en marcha un sistema de ayuda para adecentar su casa. «En esta cadena cada uno aportaba algo», comenta Concha. Chari, vecina del bloque, da la voz de alarma a Lisi, miembro de la Pastoral de la Salud de la Parroquia Jesús Obrero del Polígono Sur. Desde aquí se buscan los recursos para costear la obra, muchos de ellos procedentes de la parroquia, pero también de donativos procedentes de los propios vecinos de Concha. Pero los materiales no hacían nada por sí solos, necesitan a personas que se comprometieran a llevar a cabo la reforma, hacía falta mano de obra. Fue en ese momento cuando sus vecinos José y Laura decidieron ponerse manos a la obra y hacer las veces de obreros sin conocer demasiado bien la profesión. «Ninguno de los dos nos dedicamos a la albañilería, pero las ganas de ayudar nos pudieron”, coinciden en señalar. La reforma de la vivienda duró varios meses, José –que está en paro– arregló las humedades del techo, enlució de nuevo las paredes, retiró los muebles destrozados y los escombros... Laura ayudó a Concha con las tareas domésticas, pintó la casa, ayudó a montar los muebles nuevos, etc. También hace desde entonces una labor de recuperación de hábitos de vida saludables con Concha, tales como llevar un ritmo de comidas, limpieza del hogar, salir al mercado... Concha se vio obligada a dar en adopción a sus animales, unos cuantos perros que vivían con ella. Incluso se emociona al recordar a uno de ellos, «yo le daba el biberón con días de vida», matiza entre lágrimas. Pero entendió que no se encontraba en condiciones de cuidar de ellos e iban a estar mejor con otras personas. Concha vive muy bien ahora, su casa está irreconocible. Se siente en deuda con sus vecinos. Aún se recupera de su enfermedad, pero en sus ratos libres pinta figuritas de escayola que regala a sus vecinos en señal de agradecimiento. Es su peculiar forma de continuar esa cadena de favores que comenzaron con ella.

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