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"La burla que se hace del anciano me parece más grave que la crisis"

La labor de Asociación de Arteterapeutas de Andalucía, de la que es presidenta, acaba de ser reconocida por la Asociación Progresista con el Premio Emilio Castelar 2012.

el 21 abr 2012 / 18:28 h.

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Pilar Domínguez Toscano defiende que la arteterapia es la mejor forma para saldar las cuentas con uno mismo. Afirma que esta vocación, mitad servicio y mitad amor al arte, que ella ejerce de forma voluntaria, le viene de familia: su madre era pintora y la tía que la crió era hermana de la Cruz.

-¿Qué puede aportar una técnica como la arteterapia?
-Al arte puede sacarlo de esa burbuja elitista marcada por los límites del mercado. Y a las personas que usan estas técnicas les puede ayudar a descubrir que a través del arte tienen recursos de comunicación, de conocimiento de sus propios problemas, y ayudarles a afrontarlos mejor. Aporta en definitiva más recursos para afrontar cosas con algo aparentemente light como es el arte.

-¿Tanto se ha apartado el arte de la gente?
-En el arte contemporáneo sobre todo ha existido una carrera un poco desesperada por romper límites, a ver qué nueva travesura brutal hay que hacer para que nos consideren sorprendentes. Esto ha alejado a la gente del arte. Sin entrar a enjuiciar eso, lo que he constatado es que cuando hemos trabajado, por ejemplo en la cárcel con la liberalización de tensiones, lo primero que les he dicho es: olvidémonos de las figuras, juguemos solo con los colores, con las líneas, con las texturas... a ver qué sale. ¡Y terminamos haciendo unos murales abstractos!

-Ha trabajado mucho con la arteterapia en entornos desfavorecidos, como la cárcel de Huelva y la Ciudad de los Niños. ¿Qué beneficios suponen para ellos?
-Me he orientado hacia este ámbito por razones de afinidad hacia este tipo de colectivos. El año que viene espero poder entrar a trabajar en un asilo de una zona nada lujosa. A cualquier colectivo que en un momento dado necesite saber qué le está pasando y fortalecerse para mejorar, la arteterapia puede servirle de mucha ayuda. En la prisión, por ejemplo, las emociones están abolidas. Esa presión sobre las emociones va aumentando las tensiones que ya traían. Es necesario darles una salida. También es importante recalificar el delito desde el punto de vista ético, reconocer qué te llevó a hacerlo y saber que puedes actuar de otra manera. Es importante esto porque el que está en la cárcel paga una condena legal, pero si no siente que su delito es un error moral, si no siente el dolor que ha causado, probablemente vuelva a reincidir. Las tasas de reincidencia están en un 60%. En la gente del programa, la reincidencia ha bajado a un 10%.

-¿Cómo se rompen las reservas a este tipo de técnicas que pueden ser consideradas una ñoñada?
-Esta barrera no existe. Las artes crean un clima muy respetuoso con la privacidad. En una psicoterapia si estás hablando con el usuario éste tiene que verbalizar. A veces hay problemas para que el usuario lo haga, como es el caso de un niño que ha sufrido abusos o malos tratos. Pero tú le pones un papel por delante y ahí canta La Traviata. En este clima no intrusivo es más fácil que se produzca una buena introspección, una buena salida de las cuestiones que tienen que salir. Pero tenemos que ser muy cautos para respetar el ritmo con el que la persona puede asumir lo que sus signos van revelando.

-Y el profesional ¿necesita mucha arteterapia después de una sesión con un usuario?
-Cada uno de los profesionales te daría una respuesta. Cuando te pones a ofrecer este servicio, tienes antes que haber saldado las cuentes contigo misma. Lo que no significa que tengas que revisarte todos los días tus fantasmas. Tienes que estar segura para transmitir confianza. Lo más importante es ser útil. Si la persona necesita altas dosis de empatía, dásela. Si necesita una visión más fría, haz ese papel. Hay que adaptarse a las demandas específicas de cada usuario.

-¿La arteterapia se puede aplicar a cualquiera?
-No hace falta estar en una situación límite para acudir a la arteterapia. Se nos asocia con el chamanismo, con los hechiceros, y no tiene nada que ver con ello. La arteterapia es una disciplina universitaria.

-¿Hay tiranteces entre los psicólogos y vosotros? ¿Os acusan de intrusismo?
-En el máster que, si no se tuercen las cosas, empezaremos a impartir el curso que viene, hay dos directoras, una es psicóloga clínica y yo, que soy artista. Entiendo lo que dice porque he oído no pocas veces que entramos en un terreno que no es el nuestro. Pero no es así. Esto es una forma de terapia. El arteterapeuta nunca diagnostica, y normalmente trabajamos en equipo, con psicólogos y psiquiatras, que son los que hacen el seguimiento.

-En España se ha incrementado el consumo de antidepresivos con la crisis. ¿Con la arteterapia se puede evitar que una persona recurra a la medicación?
-Hay una bibliografía muy extensa sobre esto relacionada con la depresión. Es muy típica de los depresivos la incapacidad para expresar emociones. El arte toca de lleno en esto. Con él, expresas tus emociones sin que te sientas invadido. Yo no voy en contra de la medicación, cuando es necesaria lo es. Pero al pasar su efecto, el problema sigue intacto. Estas terapias van más a la raíz, con lo cual los efectos son más lentos en aparecer pero más duraderos.

-¿Qué espera encontrarse en su trabajo con ancianos de asilo de zonas desfavorecidas?
-Muchos ancianos han tirado la toalla de vivir con ilusión y dignidad. Se encuentran con las manos vacías y con grandes dosis de soledad después de haber dado su vida a los demás. ¡Y tienen tanto que decir!

-En época de vacas gordas, los problemas se solucionaban con dinero. Y ahora, ¿cómo? ¿Tenemos suficientes recursos mentales para afrontar la crisis económica?
-Padezco la crisis como todos, pero la crisis es la ocasión para descubrir la cantidad de posibilidades que la creatividad puede sacar donde antes se usaba la vía fácil del dinero. Con creatividad, solidaridad, trabajo en equipo y esfuerzo se pueden compensar muchas cosas. Estas actividades se pueden hacer por muy poco. Solo hace falta ilusión. La intervención con los ancianos queremos que se llame proyecto Cheroki, tribu india donde el anciano era sumamente respetado. La sabiduría del anciano la hemos convertido en una burla. La sociedad se lo está perdiendo. El anciano es un estorbo. Esta crisis a mí me parece mucho más terrible.

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