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La caída de Martinsa-Fadesa

La suspensión de pagos decretada por Martinsa-Fadesa desvela la envergadura de la crisis que afronta la economía española y constata el fracaso de determinados modelos de negocio inmobiliario de crecimientos vertiginosos. Hubo quien apostó a seguir creciendo, pensando que la rueda inmobiliaria nunca se pararía, y ahora el órdago les ha fallado.

el 15 sep 2009 / 08:02 h.

La suspensión de pagos decretada por Martinsa-Fadesa desvela la envergadura de la crisis que afronta la economía española y constata el fracaso de determinados modelos de negocio inmobiliario de crecimientos vertiginosos. Hubo quien apostó a seguir creciendo, pensando que la rueda inmobiliaria nunca se pararía, y ahora el órdago les ha fallado.

Las viviendas no se venden, se agota la liquidez y no hay cómo pagar el dinero solicitado a los bancos. Es lo que le ha pasado a esta compañía, empeñada en operaciones de gran calado que la alzaron a la cúspide de las grandes inmobiliarias y que han derivado en una deuda de 5.100 millones de euros cuyos vencimientos a corto plazo son impagables.

En este punto, conviene recordar que Martinsa no se ha declarado en quiebra. La suspensión de pagos salvaguarda los derechos de sus clientes y permite pagar las deudas de sus acreedores, sólo que bajo el arbitrio de unos administradores judiciales que dirán a quién se paga primero. No viene mal un mensaje de tranquilidad al respecto, pues una noticia de este calado agrava la desconfianza que se percibe en los mercados. Ahora bien, tampoco sería justo que todo se achacara a la crisis. Horas antes de que se decretara la suspensión de pagos, el Banco de Santander compraba una entidad hipotecaria británica.

Es la diferencia entre hacer bien o mal los deberes. Unos saben afrontar las turbulencias y otros pagan unos excesos que no tiene porqué pagar el Estado. Las críticas suscitadas por la negativa del Instituto de Crédito Oficial (ICO) a conceder el último préstamo solicitado por Martinsa están de más. El ICO no está para refinanciar deudas. Para eso está la banca privada. El Gobierno debe buscar fórmulas para paliar una caída generalizada que acarrea la destrucción de empleo, pero no acudir en socorro de quien ha gestionado mal sus cuentas. En eso consiste el libre mercado.

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