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La cal de Morón de la Frontera restaura los leones de la Alhambra de Granada

En la sierra de Esparteros, bajo cerros de pedregal y lentisco, sobrevive la única empresa de España que todavía produce cal artesanalmente: Gordillo's Cal, que comenzó la fabricación en 1874. Su producto estrella hizo posible la reciente restauración de unos de los símbolos de la Alhambra de Granada: sus leones.

el 07 dic 2009 / 17:32 h.

Gordillo sostiene un puñado de cal salido de los hornos familiares.

Morón de la Frontera es tierra de caleros. "Fue mi bisabuelo quien comenzó con la fabricación, pasando a mi abuelo, después a mi padre, para terminar luego la tradición con mi hermano y conmigo, porque sólo la experiencia y los conocimientos transmitidos de generación en generación hacen al calero", relata Isidoro Gordillo, representante de Gordillo's Cal.

Los restos más antiguos de este material son los frescos de la ciudad Çatal Hüyük (Turquía) que datan del sexto milenio antes de nuestra era. Pero no fue hasta el siglo XVIII cuando el oficio llegó a Morón de la Frontera, alcanzando su auge a principios del siglo XX con 30 hornos produciendo.

Este producto, que tiene 130 utilidades, se destina principalmente para la construcción, pero en los últimos años se está utilizando en otros campos como la restauración. "La cal tradicional no lleva aditivos, por lo que está siendo apreciada por los restauradores porque los materiales que ellos utilizan no pueden estar alterados con ningún tipo de añadidos, ya que con el tiempo puede generar problemas", prosigue el calero. Y precisamente por eso fue utilizado en una de las obras más importantes de restauración en Andalucía: los leones de la Alhambra. "Se pusieron en contacto con nosotros y, en los últimos años, les hemos ido sirviendo muestras", comenta.

La única desventaja que tiene el producto es su coste, ya que el proceso de elaboración hace que sea elevado, y a la hora de ofertar en el mercado es más rentable para el constructor la cal industrial. "Sin embargo, la calidad es nuestro valor añadido, porque la artesanal tiene un 100% de pureza y la industrial un 90%", precisa.

El abandono poco a poco del oficio se debe a ello. Frente a los 40 días que se tarda en tener finalizada una hornada, cuya producción es de 100.000 kilos, se encuentran las siete horas que se emplean en tener la misma cantidad de manera industrial. De las 30 de antaño, hoy sólo quedan en Morón de la Frontera tres empresas dedicadas a la cal, una de ellas industrial, otra que mezcla este proceso con el artesanal y Gordillo's Cal que subsiste sólo de esta última manera.

Poco a poco se está perdiendo la tradición y, con el objetivo de mantenerla viva, un grupo de siete amigos creó hace ocho años la asociación cultural Hornos de la Cal. Manuel Gil, presidente de la asociación señala: "La cal es la seña de identidad de Morón de la Frontera y nos veíamos en la necesidad de mantener la tradición". Por ello, en 2001 compraron un horno con la casilla del calero. Más tarde compraron otro horno y todo lo fueron restaurando con ayuda de los caleros del lugar. De este modo, actualmente ofrecen visitas guiadas por el Museo de la Cal para "dar a conocer de manera educativa y participativa la artesanía del producto y la forma de vida tradicional".

Pero el interés no es sólo de los ciudadanos. La importancia de este oficio llevó a que recientemente las caleras de la sierra de Morón de la Frontera fueran declaradas Bien de Interés Cultural (BIC) con la tipología de Lugar de Interés Etnológico por parte de la Consejería de Cultura. El área demarcada cuenta con una superficie de 55.129 metros cuadrados, más un entorno adicional de 106.008 metros cuadrados, que incluye un complejo donde permanece la cantera histórica, el camino de acceso, 25 hornos, seis casas tradicionales y diversos espacios e instalaciones para la producción y almacenamiento.

Estos hornos eran alimentados con leña de olivo. Una vez cocida la piedra se transformaba en cal viva y para apagarla se le añadía agua, con lo que se conseguía cal apagada, que luego se convertía en mortero o cal líquida para encalar. Una vez puesta en obra va adquiriendo dureza por la absorción del dióxido de carbono de la atmósfera, convirtiéndose otra vez en piedra.

Todos los esfuerzos van dirigidos a que las nuevas tecnologías no releguen una de las tradiciones más arraigadas de la comunidad autónoma, testigo cultural del paso de los años en Morón de la Frontera.

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