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La calle es de todos

Nos quejamos, tras esta Semana Santa, de la nueva y fea costumbre de llevarse las sillas plegables. La verdad es que han sido muchas, y muchas veces abusando, creando una especie de "carrera oficiosa" a lo largo del paso de las cofradías.

el 16 sep 2009 / 01:27 h.

Nos quejamos, tras esta Semana Santa, de la nueva y fea costumbre de llevarse las sillas plegables. La verdad es que han sido muchas, y muchas veces abusando, creando una especie de "carrera oficiosa" a lo largo del paso de las cofradías. Se acabó el callejear, y ahora se lleva esperar sentado, coger sitio y no soltarlo, aunque sea a costa de cortar el tránsito y fastidiar al resto de vecinos. Las broncas han sido continuas, y las estampas pintorescas: las sillas en círculo y la merienda en medio. Personalmente ni me disgusta ni me sorprende. Es el signo de los tiempos, la consecuencia de la masificación de la fiesta, de la pérdida de la solidaridad colectiva, y sobre todo del descontrol de nuestras calles.

No conozco ningún otro lugar donde los ciudadanos se hagan dueños de los espacios públicos con tanta alegría como en España. Aquí cualquiera te corta el tráfico cuando le conviene: el gorrilla aparcando, el albañil de la obra de la que sale el camión, el transportista que descarga? Cualquier bar se apodera de la acera a su albedrío, tenga o no licencia, estorbe o no el paso, corte o no la calle. Cuántas aceras desaparecen porque el restaurante, la tienda o el tablao coloca su cartelería en la mitad; cuántas vías de paso dejan de serlo porque la cofradía, peña, banda de música o asociación tienen que ensayar. Cuánto taller hace de su calle almacén a costa del aparcamiento de todos. Cuánto vehículo oficial o privado está siempre a mano a costa de dificultar el tráfico por la ciudad. Y de aparcar? mejor hablaré otro día.

Tenemos el uso de la calle para compartirla con otros, y la utilizamos como si fuéramos los únicos propietarios y los únicos viandantes. No sólo hemos perdido el respeto a los demás sino a la idea de que lo público es de todos de verdad, lo que no quiere decir que sea de cada uno, sino de la colectividad. Los responsables de lo público, nuestra policía municipal, parece haber desertado de su misión de gestionar las vías comunes, que ha quedado en manos de la opinión y de la voluntad del común. Habla el alcalde de "tolerancia cero" con un montón de cosas malas que pasan en nuestras calles; ya no me lo creo. No hay mayor intolerancia que la insolidaridad; y de esto tenemos de sobra.

Catedrático de Derecho del Trabajo

miguelrpr@ono.com

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