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La calle no es para las 'rubias'

Los vecinos del entorno de Santa Catalina, han declarado la guerra a las rubias más callejeras del bar El Tremendo. Denuncia en mano y amparados en la Ley Antibotellón se han propuesto acabar con la concentración de gente bebiendo alcohol a sus puertas. Foto: J.M.Cabello.

el 15 sep 2009 / 11:17 h.

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Ni un trago en la calle. Los vecinos de San Felipe, en el céntrico entorno de Santa Catalina, han declarado la guerra a las rubias más callejeras del bar El Tremendo. Denuncia en mano -la segunda tras la clausura temporal de la cervecería en abril- y amparados en la Ley Antibotellón -que prohibe que se sirvan copas para su consumo fuera del recinto del local-, se han propuesto acabar con lo que en los últimos meses les quita el sueño: la concentración de gente bebiendo alcohol a la puerta de sus viviendas. Dicen que aquí, "el beber fuera del bar se va a acabar sí o sí".

La costumbre sevillana de tomar una caña en la calle parece peligrar en templos de la cervecería como El Tremendo. Allí sus vecinos, que durante más de medio siglo han convivido con este establecimiento, están hartos de los problemas de ruidos y suciedad que les ocasionan los clientes que terminan bebiendo en la calle. Ya hace unos meses requirieron de la inspección de la Delegación de Medio Ambiente para que este establecimiento y otros locales del entorno (El Cangrejo y la Cabaña) cumplieran con la Ley Antibotellón.

"El Tremendo -explican los vecinos- sólo lo hizo la primera semana. Luego, volvió a la andadas." Por ello, han denunciado de nuevo el caso a Medio Ambiente: "Sólo queremos que se cumpla la Ley Antibotellón al 100%, pues las leyes se hacen para cumplirlas y no para saltárselas". Están de acuerdo con la cultura de beber en la calle, pero "siempre y cuando se haga sentado en un velador con licencia".

Ruidos y orines. El anuncio vecinal no hacía desistir ayer al Tremendo de sus habituales costumbres de un viernes a mediodía. Las reducidas dimensiones del local obligaba a la gente a salir a la calle con el vaso de cerveza en la mano. Estaba a rebosar. El motivo lo explicaban sus clientes: "Nada mejor que una cerveza para empezar el fin de semana", replicaba Antonio, funcionario que, a las tres de la tarde refrescaba el gaznate con sus compañeros del trabajo. Algunos de ellos habían aparcado la moto en la entrada de la calle San Felipe. Un hábito del usuario de estos bares que altera la vida de los residentes. "A veces tenemos que sortear estos vehículos para entrar en el portal", critican.

No es la única "molestia" derivada del consumo de alcohol en la vía pública. Tras varias cañas en el cuerpo, muchos son los que van utilizan el callejón que hay al fondo a la derecha como servicio público. "El olor por las noches es nauseabundo. No podemos abrir ni las ventanas". A ello se suma el ruido ensordecedor de las motos cuando arrancan y los grupos de jóvenes que hacen botellón los fines de semana, previa compra de litronas en la tienda de comestibles de la esquina antes de las diez.

Si bien algunos hosteleros de la zona han tomado conciencia y aseguran hacer "todo lo posible" para evitar que se beba fuera de su establecimiento. Es el caso de La Cabaña, donde un cartel en la puerta avisa de ello: "Prohibido sacar vasos a la calle (cristal o plástico)", reza en la puerta de entrada. Aunque no siempre hacen caso de las recomendaciones, sobre todo cuando hay demasiada gente: "No les dejo salir con la caña y hasta cierro a las doce, una hora antes de los que dice mi licencia de apertura", se defiende su dueño, David Fontova, de las criticas vecinales.

Fontova asegura además que es "injusto", pues reconoce que "muchos de estos vecinos también van a los bares". Dice que ha solicitado veladores pero que no se los conceden por ser zona saturada de ruidos. Por ello exige mayor presencia policial en la zona para controlar estas salidas desbordadas de las rubias.

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