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Cofradías

La Candelaria irradió su felicidad

El Señor de la Salud presidió ayer en la Catedral uno de los Viacrucis más multitudinarios de las últimas ediciones celebradas.

el 27 feb 2012 / 20:53 h.

Si el Viacrucis de las Cofradías es un perfecto termómetro para medir los latidos de la vida interna de una hermandad, la de la Candelaria, corporación que camina hacia su primer centenario, goza de una excelente salud. Pasados los nubarrones que obligaron hace más de una década a la autoridad eclesiástica a intervenir su gobierno, la corporación del Martes Santo demostró ayer en la calle, a cara descubierta, que las heridas del pasado ha mucho que cicatrizaron y que sus más de 3.000 hermanos viven desde hace unos años una nueva etapa plena de ilusión. Con su masiva participación en el cortejo de acompañamiento, los candelarios -empuñando cera roja sacramental- lograron ayer irradiar a toda la ciudad esa misma felicidad que invadió San Nicolás hace unos meses cuando el Consejo designó al Señor de la Salud para presidir en la Catedral el primer gran acto público de la Cuaresma.


Una tarde radiante, casi de anticipo primaveral, una víspera de festivo, un recorrido por calles muy céntricas, un cortejo amplio y nutrido, las ganas que hay de ver cofradías... Todo contribuyó a que el Viacrucis de ayer -el primero de la era Arenas que se desarrolla sin amenaza de lluvia- resultase multitudinario, tanto en las calles, con apreturas de público en muchos tramos del recorrido, como en el interior de la Catedral, adonde la venerada talla del Nazareno de San Nicolás, con casi cuatro siglos de devoción a sus espaldas, logró arrastar a centenares de sevillanos para el rezo de las 14 estaciones.

Ya la misa previa celebrada en el interior de San Nicolás resultó de lo más participada. Hasta allí se fue la artista Carmen Laffon, vecina de la feligresía y autora del cartel conmemorativo de este Viacrucis, para presenciar la salida del cortejo. Cargado con su antigua cruz de salida, entronizado sobre un frondoso monte de lirios en unas andas de estreno inspiradas en su paso procesional, el antiguo titular de la extinta hermandad de la Antigua y Siete Dolores cruzó las calles de Sevilla envuelto entre grandes volutas de incienso y los cánticos de la Escolanía de María Auxiliadora, un coro de voces blancas que interpretó motetes de Cristóbal de Morales, Tomás Luis de Victoria, Vivaldi o Bach, entre otros autores clásicos.


Primero por la Alfalfa, luego por la Cuesta de Rosario, el cortejo discurrió bien arropado de público. En el andén del Ayuntamiento, a los pies de la escalinata de la Casa Consistorial, un numeroso grupo de concejales, encabezado por el alcalde, Juan Ignacio Zoido, recibió a la comitiva, portando las andas del Señor hasta el Arquillo.

Con unos diez minutos de retraso sobre el horario previsto, el Nazareno de mirada dulce y compasiva se plantaba en la Puerta de los Palos. Allí esperaba el obispo auxiliar ante la obligada ausencia del arzopbispo. Al rezo de las 14 estaciones en una Catedral semiemprenumbra le siguió la visita a la Virgen de los Reyes en la iglesia del Sagrario, su nueva ubicación por las obras de la Capilla Real. Por delante quedaban momentos de extraordinario recogimiento a través de un itinerario de vuelta de gran belleza por el barrio de Santa Cruz.

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