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La capilla de Roca-Amador recobra sus esplendores de antaño

Más de 100.000 euros ha invertido la hermandad de la Soledad en rescatar de su ostracismo artístico a la capilla.

el 15 nov 2012 / 18:58 h.

Vista general de la capilla.
Una cantidad superior a los 100.000 euros y un total de 10.490 horas de trabajo, distribuidas a lo largo de 16 meses, ha invertido la hermandad de la Soledad en rescatar de su ostracismo artístico a la capilla de Roca-Amador. Uno de los rincones más bellos y menos conocidos de la parroquia de San Lorenzo, ubicado junto al coro del templo, ha recobrado la luz y el color gracias a la restauración integral de este espacio, que empezó a construirse en 1609, y que durante siglos ha estado castigado por las humedades y el deterioro. Su rehabilitación ha permitido recuperar valiosas joyas pictóricas y cerámicas que permanecían semiocultas a pesar de hallarse a la vista de parroquianos y curiosos.

Durante la presentación a los medios de la restauración de la capilla de Roca-Amador, el hermano mayor soleano, José Ramón Pineda destacó ayer el "enorme esfuerzo económico" realizado por una "hermandad mediana como ésta" por devolver a la ciudad tan "valiosa obra de arte". Con el mecenazgo de la Real Maestranza de Caballería, institución que ostenta el título de hermano mayor honorario de la corporación y que ha sufragado un 35% del costo de la obra, la restauración integral de la capilla no sólo se ha centrado en la pintura mural de la Virgen de Roca-Amador, del siglo XIV y una de las más antiguas que se conservan en Sevilla junto con las de las vírgenes del Coral de San Ildefonso y las de la Antigua y los Remedios de la Catedral. La actuación ha permitido además recuperar la valiosa pintura del muro oeste -atravesado por una enorme grieta-, donde se muestra la Presentación de Jesús en el Templo, así como las pinturas en forma de tondos de los arcos con decoración alusiva a la vida de la Virgen y la decoración vegetal que adorna la bóveda.

Los hallazgos científicos más relevantes en todo este proceso han sido la autoría de estas vistosas pinturas murales, que el archivero de la hermandad, Ramón Cañizarez, atribuye a Domingo Martínez y Gregorio de Espinal, así como el descubrimiento de un desconocido maestro ceramista, llamado Alonso de Valladares y perteneciente a una de las principales familias de ceramistas de Triana.

La restauración integral ha estado dirigida por el arquitecto y maestro mayor de la parroquia de San Lorenzo, José Antonio López, que señaló a las humedades por infiltración y capilaridad como los principales causantes del deterioro que ha sufrido esta capilla durante siglos. El profesor Juan Abad, en materia de pintura, el especialista en cerámica Alfonso Orce y el imaginero y restaurador Juan Manuel Miñarro ha completado el equipo de restauradores de una capilla que ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de los siglos y que originariamente se conformó como un espacio con cerramiento de paredes y más trade por dos rejas. No es hasta 1876 cuando el párroco Marcelo Spínola le otorgó su fisonomía actual haciendo desparecer las dos rejas.

Además de redescubrir este rincón de San Lorenzo, hasta el próximo día 24 puede admirarse en este espacio una exposición organizada por la corporación del Sábado Santo con enseres de la hermandad de Nuestra Señora de Roca-Amador. El 2 de diciembre, el arzobispo Asenjo presidirá la reapertura al culto de la capilla.

 


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