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Cara y cruz de una desmedida ambición

Su gallardía le ha dado gloria en el fútbol pero arruina su vida personal.

el 05 dic 2013 / 23:47 h.

SEVILLA 11-12José María del Nido Benavente, abogado de 56 años, es considerado por buena parte del sevillismo como el mejor presidente de la centenaria historia del club. Pudo haberse ido por la puerta grande mostrando seis títulos y unas arcas repletas de millones de euros, pero este lunes dejará el Sevilla por la puerta de atrás. Él es el único responsable de esta decisión que para muchos, deja una mancha imborrable en la institución del barrio de Nervión. Hombre de fútbol, Del Nido lleva casi la mitad de su vida vinculado de forma directa al Sevilla Fútbol Club. Sevillista de cuna y directivo desde 1986, accedió a la presidencia en el año 2002 aunque anteriormente fue presidente interino durante aquel fatídico verano de 1995. Entonces, el ahora condenado saltó a la presidencia después de que Luis Cuervas dimitiera tras el descenso administrativo que condenaba al Sevilla a jugar en Segunda División B. Finalmente la Liga de Fútbol Profesional aceptó un campeonato de 22 equipos en Primera y Sevilla y Celta se salvaron de un descenso que podría haber provocado la desaparición de los clubes. Pero Del Nido, osado y decidido como él solo –sí o sí es uno de sus lemas–sabía desde joven que su futuro estaba en la presidencia del Sevilla. Así lo ha afirmado públicamente en más de una ocasión y el 27 de mayo de 2002 tomó el mando del club tras recibir el respaldo de los accionistas en una junta general extraordinaria de accionistas. Ahí comenzó a ser querido por unos y odiado por otros. El club que asumía estaba prácticamente arruinado y aunque ya estaba en Primera División gracias a la excelente gestión de su antecesor, Roberto Alés, el futuro no pintaba nada bien. Pero Del Nido se sentía muy poderoso. Para él la persona más importante del mundo tras el Papa es el presidente del Sevilla y la deuda de 30 millones de euros que arrastraba el club era únicamente calderilla. Unas declaraciones que levantaban a las masas sevillistas al tiempo que los enemigos de sus bravuconadas públicas iban aumentando por momentos. Sin embargo, el plan que trazó junto a su equipo de trabajo –Pepe Castro, Manuel Vizcaíno y Monchi, los tres están con él desde el primer día– se fue cumpliendo según lo previsto y aquella famosa servilleta en la que reflejó sus deseos al frente del Sevilla tiene todos los objetivos marcados excepto el título de campeón de Liga. La gallardía de Del Nido también le ha servido para vender a las grandes estrellas del club y sacar unos enormes beneficios económicos que permitieron el crecimiento del club a pesar de que se fueran grandes jugadores. El primero de ellos fue José Antonio Reyes. El canterano asombraba al fútbol europeo con su regate y velocidad y se fue al Arsenal entre lágrimas tras “una oferta que hizo temblar los cimientos del Sánchez-Pizjuán”, según dijo el presidente en su día. Tras el de Utrera llegaron las ventas de Sergio Ramos, Daniel Alves y Julio Baptista. Con la caja de caudales hasta arriba Del Nido fue confeccionado un buen equipo al que insuflaba día a día sus ganas de comerse el mundo. Dicen quienes trabajan con él que siempre está echando el aliento en el cogote a los suyos y que es tremendamente exigente e insistente. Pues gracias a este carácter y constancia el Sevilla Fútbol Club ha logrado levantar dos copas de la Uefa, dos Copa del Rey, una Supercopa de España, una Supercopa de Europa. Ahí es nada. De forma paralela a su actividad como sevillista, José María del Nido también veía como su despacho de abogados iba subiendo como la espuma y sus ingresos aumentaban y aumentaban. Tener a Del Nido como letrado daba prestigio y los casos se acumulaban encima de su mesa. Con la toga puesta es un perro de presa difícil de tumbar. Tanto dinero en tan poco tiempo pudo ser la causa de que sus ganas por acaparar más y más le llevara a cometer los delitos económicos en el Ayuntamiento de Marbella que ahora ha confirmado el Tribunal Supremo. En este caso, esta respuesta únicamente la sabe Del Nido ya que todavía sigue defendiendo su inocencia y agotará todas las vías posibles para evitar la cárcel. Tras once años al frente del club el lunes presentará su dimisión irrevocable de la forma que nunca le hubiera gustado. Él ha decidido que sea así porque desde que fue condenado por la Audiencia de Málaga muchas voces le pidieron que se bajara del barco. Otras, en cambio, siempre le agradecerán los seis títulos del Sevilla Fútbol Club. Así es José María del Nido Benavente, amado y odiado a partes iguales.

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