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La cárcel premia a ¡Joshuaa!

"¡Joshuaaaaaaa!" El grito de guerra con el que los presos recibieron ayer a los Morancos en cuanto cruzaron la puerta, agarrados a las rejas de las ventanas y jaleando al famoso dúo cómico, dio la medida de lo esperados, y a la vez familiares, que son en la cárcel César y Jorge Cadaval.

el 15 sep 2009 / 15:40 h.

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"¡Joshuaaaaaaa!" El grito de guerra con el que los presos recibieron ayer a los Morancos en cuanto cruzaron la puerta, agarrados a las rejas de las ventanas y jaleando al famoso dúo cómico, dio la medida de lo esperados, y a la vez familiares, que son en la cárcel César y Jorge Cadaval.

Tras 23 años participando altruistamente en las fiestas de la patrona, la Virgen de la Merced, los Morancos recibieron ayer la Medalla al Mérito Social Penitenciario, concedida por el Ministerio de Interior, y extensible a su hermano Diego, "el que organiza esto todos los años", recordó César.

Su camino hasta el polideportivo en se iba a celebrar un concierto parecía una visita de la familia real: agolpados a las puertas del taller de metalurgia, los internos los jalearon para que se acercaran a saludar. Jorge preguntó con un gesto si podían desviarse del camino y allí fueron los dos, a dejarse abrazar y manotear. "Siempre nos dicen que conocen a algún familiar o algún amigo nuestro, o a gente de nuestro barrio, o que nos han visto otros años o en la tele", explicaron luego. Ya en el polideportivo, varios presos los pararon para abrazarlos.

Cientos de internos fueron testigos de la entrega del galardón de manos del director de la cárcel, Juan Manuel Ruiz, y el subdirector Fernando de la Torre, que recordaron su altruista colaboración durante tantos años. "¡Gracias a vosotros!", gritó Jorge al público con su característico saludo de estilo taurino, levantando una mano del revés y poniendo también del revés a un auditorio entregado, que rió con sus chistes aunque la acústica no era la mejor.

El acto suele hacerse fuera, en el campo de fútbol, pero con la amenaza de lluvia se quedaron en un recinto cubierto. Eso sí, los artistas -el Arrebato, Arcángel, Rafa Serna o Los Mikis- actuaron dos veces: en la zona preventiva y en la de cumplimento, porque todos los presos no cabían en el mismo sitio y no quisieron que nadie se quedara sin fiesta.

César y Jorge tuvieron un recuerdo para el padre Leonardo, el fallecido capellán de la prisión, que "era un santo y nos pidió que écháramos una manita hace ya 23 años", tras lo que nunca han faltado, "ni un año, porque lo hacemos con el corazón". "Es que la cárcel es algo muy duro, muy duro. Si podemos venir y echar un ratito con ellos, pues venimos".

Daba fe Carretero, un interno de 29 años del grupo de cocina que lleva cinco en prisión y que, "entre los Morancos, el Arrebato, Camela y Chiquetete" ha visto más conciertos en prisión que en el resto de su vida. Tomás, de 19, que lleva "un año y un mes", ya había visto actuar dos veces a los Cadaval, que le gustaban desde antes. Pero puestos a elegir, preferían que los visitase "la juez de vigilancia penitenciaria, a ver si nos da un permiso", bromeaban guasones.

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