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La Carrera no era Oficial

Ahora resulta que las sillas de la Carrera Oficial eran tan no oficiales como las chinas. ¿Se imaginan la que se hubiera armado en caso de cualquier incidencia de medianas proporciones? Urbanismo y Consejo habrían comenzado a echarse la pelota mutuamente y a...

el 16 sep 2009 / 01:24 h.

Ahora resulta que las sillas de la Carrera Oficial eran tan no oficiales como las chinas. ¿Se imaginan la que se hubiera armado en caso de cualquier incidencia de medianas proporciones? Urbanismo y Consejo habrían comenzado a echarse la pelota mutuamente y a hacerse reproches uno al otro pero, al final, tendrían que haber convenido en emprender una drástica reforma para buscar soluciones. Sin embargo, aunque esas incidencias, afortunadamente, no se hayan dado, tras felicitarnos todos por ello, lo lógico sería poner en marcha un organismo que comenzara a abordar el asunto.

Pero abordar el asunto requiere un cambio de mentalidad, no conformarse con eliminar algunas sillas, como dice el Consejo, sino partir de bases nuevas para la Semana Santa en conjunto. ¿Y cuáles son esas bases? Pues, en primer lugar, Sevilla. La ciudad no es ni urbana ni humanamente la de los años en los que se instauró la forma actual del recorrido de las cofradías; antes hubo otras y ahí están para comprobarlo las pinturas de Cabral Bejarano, Domínguez Bécquer o Louisa Tensión. La ciudad y su fiesta tampoco son las de hace medio siglo.

La cera del suelo rellenaría hoy una medida de volumen varias veces mayor que la de hace medio siglo, los desplazamientos en moto también se han multiplicado y los residuos, no digamos. A La Mortaja la frenaron este año en su salida los equipos de Lipasam porque Los Gitanos sólo hacía unas horas que habían pasado por Dueñas. Mientras tanto el Metro también multiplica la gente en el Centro. Puesto que los problemas son múltiples, se necesita un órgano que, aportando los puntos de vista de toda la ciudad, encuentre soluciones globales. Si no se hace, el año que viene será peor y así sucesivamente hasta el caos. Hasta la muerte de la semana más grande. Gloriosa, sí, pero muerte.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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