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La carta de ajuste más cruel a una programación de cine

El Alcalá, fundido, apenas ofreció imágenes para la esperanza ante una Arandina con oficio. El 1-0 de la ida atenazó a los anfitriones.

el 25 may 2014 / 16:58 h.

IMG_9999 Toni Seoane presiona al alcalareño Gonzalo. Foto: Bernardo Ruiz. Cruel. El gesto de rabia de Gonzalo, el eterno capitán, era demoledor. Pulido cerró los puños y caminó en solitario hacia el túnel de vestuarios. La marabunta, las corbatas y las solapas desencajadas. El Alcalá se había despedido del play-off de ascenso a Segunda División B de una forma injusta. Con la ingrata sensación de haber competido con suficiencia durante el curso y haber perdido la senda correcta en la última posta. El rostro de Pana era el reflejo del aliento dolorido de la plantilla. La Arandina, un típico rival del Norte con el mapa de coordenadas intacto y su filosofía custodiada, fue la encargada de ajusticiar a un bloque traicionado por el depósito de gasolina en el último kilómetro. El 1-0 de la ida fue una losa de cien toneladas en el equipaje de una escuadra que respiraba a impulsos. De inicio, Jesús Galván, el auténtico artífice de la hazaña, apostó por un 4-3-3 con Jairo Caballero, Tena y Pana en un trivote que no conectó con las bandas. Salvi, que apenas retrocedió su posición de origen para controlar el esférico, no generó los espacios necesarios para que Gonzalo y Boris crearan superioridad numérica con la incorporación de los laterales. El envite era un intercambio de mensajes inocentes hasta que Gonzalo firmó un centro envenenado que escupió la madera. Los de Fede Castaños encogieron el corazón y se refugiaron en el poderío de Domingo e Ismael, pletóricos en las acciones de laboratorio. El Alcalá trataba de triangular y Álex del Río asumía los galones con su exquisita calidad en el flanco siniestro. Una acción elaborada desde Pulido hasta el ex del Arahal finalizó en el segundo palo, donde Gonzalo, con sangre en los ojos, retó a Javi Sánchez, cuyo pecho, en un gesto de pura inercia, repelió el cuero. El calor abrasaba a los ribereños y fatigaba a los anfitriones, que ayer cumplieron su partido oficial número 50 después de su brillante peregrinar en Liga, Copa Federación y play-off. Una ristra de compromisos que entumecieron las piernas cuando la ansiedad brotó antes del intermedio. El crono se consumía y Mato inquietaba con un cabezazo desviado. IMG_0001 Boris trata de escapar de la presión de un rival. Foto: Bernardo Ruiz Tras el tiempo de refrigerio y consejos tácticos, la Arandina buscó el gol con el único recurso de la contra. En una a tres toques, el delantero abulense Gustavo se escoró en el carril zurdo, escapó de su par con una diagonal de cine y se fajó ante Luisma. Su disparo, alto, congeló el alma de la fiel afición de la Avenida de Santa Lucía. Sin tiempo para digerir el nuevo mapa, Toni perdonó al cancerbero alcoreño tras un rechace muerto en el interior del área. Los albiazules presionaban, robaban y se lanzaban a por el 0-1 con un equilibrio total entre sus dos virtudes teologales, la ambición y la disciplina espartana. La madera, curiosa aliada de Luisma, amargó al insaciable Gonzalo antes de que Antonio malograra la acción más sobresaliente del segundo capítulo. Galván recurrió a Son en detrimento de Carlos Ávila para imprimir mayor velocidad a su línea de ataque. Sin embargo, sus discípulos confundieron la rapidez con la ansiedad y la precipitación y de un plumazo enterraron el ABC de su fútbol: presión, robo y triangulación. El reloj traicionó al Alcalá, con el cerebro atascado y las piernas en paradero desconocido. Y tras una falta descomunal que Fernández Fernández, pésimo de principio a fin, ignoró, la Arandina fabricó el gol que sentenciaría el asunto. Pana yacía tendido en el suelo cuando los ribereños articularon su enésimo conato en superioridad numérica. Antonio, de cabezazo ajustado, batía a Luisma y propagaba la fiesta en las filas visitantes. La diana del improvisado ‘9’ desquició al once blanco, con los motores gripados y que desde entonces apeló única y exclusivamente a su orgullo para igualar la contienda. IMG_0025 La Policía Nacional evitó altercados en el túnel de vestuarios. Foto: Bernardo Ruiz Javi Sánchez, espigado e inseguro en su justa proporción, neutralizó un disparo de Pulido. Fue la última bala de un plantel que cerró la Liga de la forma más cruel. Con el innegociable sonido del silbato del colegiado, la tángana. El cruce de improperios en el túnel de vestuarios, el teatro de algún advenedizo del fútbol y los gestos desencajados de los directivos locales pidiendo calma. La peor carta de ajuste posible para una programación de cine. Continuará... Ficha técnica: CD Alcalá: Luisma; Carlos Ávila (Son, m. 63), Serrano, Pulido, Álex del Río; Tena, Pana, Jairo Caballero; Gonzalo, Boris (Saborido, m. 74) y Salvi. Arandina CF: Javi Sánchez; Cristian (Obispo, m. 64), Domingo, Ismael, De las Heras; Toni; Adri (Rubén Royo, m. 75), Durantez, Mato, Dani Martínez; y Gustavo (Antonio, m. 56). Árbitro: Brito Regadera, de Extremadura. Amarilla a los locales Serrano, Pulido y Tena; y a los visitantes Cristian, De las Heras, Ismael y Durantez. Gol: 0-1, Antonio (m. 70). Incidencias: 1.800 espectadores en el Ciudad de Alcalá. La mejor entrada de la temporada. La recaudación será destinada íntegramente a pagar las nóminas adeudadas a la plantilla.

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