Cultura

La cartelera descubre a Juan Ramón

Se estrena ‘La luz con el tiempo dentro’, filme de Antonio Gonzalo sobre el Nobel.

el 04 mar 2015 / 21:37 h.

LOCAL 14-15 Antonio Gonzalo, Ana Fernández, Carlos Álvarez-Novoa y Marc Clotet, ayer tras el pase de prensa del filme. / Manuel Gómez En cualquier otro país tal vez sería de lo más normal hacer una película sobre un premio Nobel, pero España es diferente. Así lo siente el director Antonio Gonzalo, que estrena mañana La luz con el tiempo dentro, el primer filme no documental sobre un escritor cuyo universo va mucho más lejos del reconocimiento de la Academia sueca: Juan Ramón Jiménez. «Me sorprendió que no se hubiera hecho nunca una película con un personaje de esta relevancia», explica el cineasta. «Valoramos lo nuestro muy poco, y un andaluz universal como es Juan Ramón se merecía algo así. Estudié a fondo el personaje para ver si había material dramático y me sentía capaz de plasmarlo en la pantalla. Y me sedujo de manera fulminante», agrega. Claro que el reto de comprimir una vida tan llena de viajes y peripecias, así como una obra ingente que a día de hoy sigue en parte inédita, requería un esfuerzo extra. «Hacer cualquier película es una aventura, y más en tiempo de crisis», afirma Gonzalo. «Pero si además se desarrolla entre finales del siglo XIX y los años 50, y está ambientada en Madrid, Sevilla, Miami, Nueva York..., todo se complica. Añádele 50 decorados, 40 actores, con secundarios que tienen que meterse en la piel de Sorolla, Lorca, Alberti, Machado, o Azaña, entenderéis por qué era un proyecto tan arriesgado como atractivo». Otra de las dificultades que Gonzalo encontró al afrontar este reto fue definir a un personaje de enorme complejidad «con toda su lucidez, sus claroscuros, todas las cosas que hacen de él un protagonista idóneo». Para ello contó, por primera vez en su trayectoria, con una colaboradora para trabajar el guión, Teresa Calo. «Llegó un momento en que me sentí incapaz de hacerlo, así que pedí ayuda a Teresa, que ha hecho un enorme trabajo de síntesis», apunta. Tampoco debió de ser fácil reunir armónicamente en el mismo reparto al Juan Ramón niño –interpretado por Lucas DiegoArreondo–, el Juan Ramón joven –Marc Clotet– y el anciano, defendido por un como siempre magistral Carlos Álvarez-Novoa. Además del intenso trabajo de caracterización que ha debido hacer Jorge Hernández Lobo –quien ya trabajó con Gonzalo en su filme sobre Blas Infante–, el montaje final ha logrado una agilidad muy de agradecer en este tipo de producciones. Quien debió de tenerlo claro fue el encargado de casting a la hora de elegir a Álvarez-Novoa, quien ha cambiado las barbas de Juan Ramón por las de Leonardo para una serie televisiva. «Como actor tienes datos reales para apoyarte en ellos, pero un personaje tan complejo, del que se han dado versiones tan contrapuestas –su bipolaridad y su mal carácter frente a las visiones demasiado edulcoradas– me llevaron a preguntarme, ¿qué Juan Ramón hago? Así que decidí tirarme a una piscina muy especial, las palabras de Juan Ramón en el guión, y sus poemas. Son palabras escritas que tienes que hacer muy naturales». «Hubo latidos de Juan Ramón que sentí dentro de mí», reconoce el veterano actor. «Hay muchas cosas de él llenas de emoción y de verdad. Citarlo es difícil, no basta con entenderlo bien. Pero luego entras en su código, y va saliendo solo. Lo que ofrezco en pantalla es lo que siento», concluye. Desde el éxito arrollador de Solas, Álvarez-Novoa no ha compartido una escena con Ana Fernández. Aquí tampoco lo hacen, pero al menos están juntos en los créditos. «Esta es una película arriesgada porque acerca al espectador a la poesía», comenta la actriz, que encarna a Pura, la madre de Juan Ramón. «Que nadie espere una película al ritmo de las actuales, esto es otra cosa». A su lado, Marc Clotet, el joven Juan Ramón, asegura que «no hay personaje fácil, porque dar vida a cualquiera, a un policía o a un poeta, es algo muy complicado», dice el actor, que entiende este papel como «un regalo», y que como tantos tuvo noticia de Juan Ramón a través de las lecturas escolares. «Es curioso, cuando estaba inmerso en el guión, usaba expresiones juanramonianas con mi chica. En la vida real podemos ser más poetas y extravagantes de lo que creíamos», concluye.

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